Günther Anders (1902-1992)
PERFIL BIOGRÁFICO Y ACADÉMICO
Nació en Breslau, Alemania, en 1902, en el seno de una familia judía, bajo el nombre de Günter Stern. Con sólo dieciséis años fue enviado al frente durante la Primera Guerra Mundial. Como estudiante de filosofía fue alumno de Heidegger, Cassirer y Husserl en Friburgo y, más tarde, durante el doctorado en Francfort, de Adorno.
En 1933 se casó con la filósofa Hannah Arendt, de la que se divorció pocos años después.
Desde la Universidad y a través de diversos artículos denunció públicamente el ascenso del nazismo. El triunfo de Hitler en Alemania le llevó a emigrar a París y, posteriormente, a los Estados Unidos, donde vivió primero con Hebert Marcuse y trabajó, entre otras cosas, como secretario particular de Bertolt Brecht, con quien ya había colaborado en Alemania.
La Segunda Guerra Mundial marcará el devenir de sus argumentos filosóficos. Los campos de concentración en Alemania –visita Auschwitz y no ve entre los despojos la huella posible de su muerte y se siente ‘un desertor- y las bombas atómicas norteamericanas sobre Japón –publicará un libro de conversaciones con el piloto de Hiroshima, Claude Eatherly- activan su pensamiento pacifista, el descubrimiento de la divergencia entre los sentimiento del ser humano y la realidad de la destrucción, la ‘ceguera ante el apocalipsis’. Estados Unidos lo declara ‘persona non grata’ por lo que califica de pensamiento ‘comunista’ (Con ocasión de la entrega del premio Theodor Adorno, en 1983, Anders dijo: "Soy sólo un conservador ontológico, en principio, que trata de que el mundo se conserve para poder modificarlo").
Desde su regresó a Europa, en 1950, encabezando un movimiento frente al peligro atómico y el holocausto y a favor de la paz mundial. Durante los últimos años de vida, su crítica hacia el determinismo tecnológico, el armamentismo, la destrucción del medio ambiente y la anulación mediática de la democracia le llevaron a proclamar que el uso de la violencia ciudadana era el único arma posible frente a la violencia de Estado, planteamiento que fue objeto de severas críticas.
Su obra más importante, Die Antiquierheit des Menschen [Lo anticuado del ser humano] (vol. I, 1956; vol. II, 1980) que no ha sido traducida ni al español ni al portugués, en una especie de diálogo con el pensamiento de Heidegger hace un recorrido detallado por el mundo de los medios y de la vida cotidiana, destacando las disonancias entre la velocidad y la dirección tecnológica y el pensamiento individual y social. De interés, el capítulo del primer volumen 'Die Welt als Phantom und Matrize. Betrachtungen über Rundfunk und Fernsehen' ['El mundo como fantasma y matriz. Reflexiones filosóficas acerca de la radio y la televisión] (págs. 97 a 212).
Falleció en Viena en 1992.
Han sido traducidas a las lenguas española y portuguesa: Kafka pró e contra, Perspectiva, São Paulo, 1993; Nosotros, los hijos de Eichmann, Paidós, Barcelona, 2001; Más allá de los límites de la conciencia. Correspondencia entre el piloto de Hiroshima Claude Eathrly y Günther Anders, Paidós, Barcelona, 2003.
PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN CIENTÍFICA

Pensamiento controvertido por su ácida crítica a la sociedad tecnológico-mercantil y al papel balsámico que a su juicio juegan los medios en la construcción de un consenso que burla los valores de la democracia. Su pensamiento tiene ciertos entronques con la Escuela de Francfort, pero cobra autonomía en la dirección de la denuncia del armamentismo y la carrera nuclear, como consecuencia de un desarrollo tecnológico ajeno al desarrollo natural y al sentido antropológico de la vida sobre la tierra. La tecnología alcanza una velocidad de cambios dirigidos que deja atrás a la sociedad civil, que deja ‘anticuado’ u ‘obsoleto’ al ser humano, que se ve obligado a correr tras los destellos seductores del señuelo tecnológico, idealizado por los medios de comunicación. Anders viene a advertir sobre el efecto narcotizante del espectáculo de la guerra, que permite ver y saber de la destrucción y de la muerte de miles de personas coetáneas por las que no somos ‘capaces de derramar una lágrima’. Una acción que analiza también con ejemplos históricos en los que la propaganda ‘civilizada’ tranquiliza anticipadamente los brotes de mala conciencia que deberían provocar en el individuo la disonancia entre el concepto de civilización y la destrucción de la guerra.
Muchas de las críticas de Anders hacia los medios se sustentan en su acción degradante sobre la cultura cívica y democrática. La esencia de la democracia, señala, radica en ‘poder tener una opinión propia y, a la vez, poder expresarla’ pero hoy el mundo se encuentra narcotizado frente al televisor y ‘se le alimenta con opinión a cucharadas’. Por ello, la idea de ‘tener opinión propia’ carece de sentido, ya que es la propia ‘alimentación’ ideológica de la televisión la que define y engorda el sistema. Sin opinión propia, se pregunta Anders, ¿es posible la democracia?. Además, los medios, que suministran el mismo ‘pienso’ a audiencias masivas, tampoco permiten la respuesta individual, por lo que convierten a la audiencia en siervo mediático del sistema.
Cuando la panacea del progreso se convierte en un desarrollo económico sin límite, la satisfacción de las necesidades humanas que describen su felicidad natural es modificada por unas construcción cíclica de necesidades falsas que actúan como estímulo y control, como ‘colonización’ tecnológica y mediática de las mentes.
En su ensayo ‘El Mundo Fantasmal de la TV’ (‘The Phantom World of TV’ en B. Rosenberg y D. M. White (eds.), Mass Culture: The Popular arts in America, 1957) hace una advertencia sobre los peligros de una sociedad que reduce su capacidad de interlocución, su respuesta crítica y reduce los nutrientes de opinión al maná audiovisual: "Como el televisor es el que habla, nos priva gradualmente del poder del habla, convirtiéndonos en dependientes pasivos".

Acerca de la televisión
La machine à images

(Reproducido de Thierry Simonelli 'Technique et normalisation selon Günther Anders').

Les réflexions de Anders sur la télévision peuvent être résumées par les 8 thèses suivantes (AM 2, pp. 252-256) :
1. La télévision nous dérobe la possibilité même de l’expérience. En ingurgitant des expériences toutes faites, notre faculté de perception, notre faculté de jugement se mettent au diapason des images déversées. La seule expérience sensible qui reste est celle du mur d’images, livré à domicile à l’état liquide, imperceptible comme jugement et inaccessible à la critique.
2. De ce fait, il nous devient impossible de distinguer réalité et représentation. En devenant réalité, la représentation n’usurpe pas la place de la réalité, elle absorbe la réalité dans la représentation. La seule réalité est celle qui, susceptible de se mettre en scène, apparaît comme image.
3. Dès lors que le fantôme du monde devient matrice du monde, il conditionne une « imitation inversée ». Chaque image (Bild) tend à prendre la forme d’un idéal (Vorbild). Le monde avant ou après l’image n’a plus le droit d’exister qu’à titre de décalque du décalque.
4. La livraison liquéfiée et liquéfiante nous transforme en consommateurs permanents et nous fige dans la position de la passivité du nourrisson. De même que nous voyons des images d’un monde auquel nous ne participons pas, nous entendons des discours auxquels nous ne pouvons répondre. Voir devient ainsi du voyeurisme, écouter (hören) une variante de l’obéissance (Hörigkeit). Comme les images qui présentifient un monde absent, nous sommes, en tant que spectateurs, présents et absents tout à la fois.
5. La passivation équivaut à une perte de liberté. Mais à une perte de liberté qui ne se manifeste pas comme telle. Devant la télévision, nous ne faisons pas l’expérience de la passivité. Au contraire, nous nous retrouvons dans la position d’une toute-puissance et d’une omniscience virtuelles, vécues comme jouissives. Le monde est à la portée de la main qui tient la télécommande.
6. Du fait d’être gavé d’images, nous sommes gorgés d’idéologie. Les images isolées, séparées, décontextualisées interdisent toute représentation cohérente d’un ensemble, d’une situation, d’un fait, concrets. Cette parcellisation de l’image conditionne une sorte de cécité causale face à l’ici et au ceci.
7. L’infantilisation machinale nous fige dans la phase «orale industrielle». L’assimilation de nourriture en vient à constituer le seul modèle de l’expérience.
8. Afin d’être le plus largement comestible, l’image doit être désamorcée. Dans le flot sursaturant des images, les différences s’estompent pour laisser place au nivellement harmonieux. De même qu’un grand nombre d’enseignes lumineuses se neutralisent et donnent lieu à une lueur uniforme (AM 2, p. 336), de même les images télévisées nous précipitent dans une indifférence générale où rien ne compte plus parce que tout y est unique et extraordinaire. L’ouverture intégrale au monde est la contrepartie de la cécité complète du spectateur.

Il s’ensuit 5 conséquences:

1. Le monde est à la taille (paßt) de l’homme
Comme tout produit, le monde des images est d’emblé adapté à la consommation. C’est un monde prêt-à-porter, ou plutôt un monde prêt à la consommation. Il n’est plus ob-jet (Gegenstand) comme il n’oppose plus de résistance ; grâce à la télévision, la résistance du monde est devenue imperceptible.
2. Le monde, en tant que monde disparaît
Le monde de la télévision fait partie de ce type d’objet qui disparaissent à l’usage: les bines de consommation. Sa seule raison d’être, est d’être consommé, absorbé, c’est-à-dire supprimé en tant qu’objet.
3. Le monde d’aujourd’hui est post-idéologique
La télévision réalise l’utopie post-idéologique marxienne sous forme inversée. Marx pensait que la réalité réalisée (11 thèse sur Feuerbach) pouvait prendre le relais de la philosophie. Avec la télévision, c’est la non-vérité qui se réalise de façon triomphante. L’idéologie est rendue superflue par le fait que les non-vérités sont rendues réelles: «unwahre Aussagen über die Welt – [sind] ‘Welt’ geworden» (AM 1). Les énoncés faux portant sur le monde sont devenues monde. De même que nous sommes incapables de départager des petits pains déjà cuits en leurs matières premières pour les cuire à nouveau, nous sommes incapables de réarticuler le monde idéologiquement arrangé, découpé et interprété de l’image télévisée.
4. Il n’y que des estampillés qui sont estampillés
Si l’image convient si bien au consommateur, c’est que le consommateur lui-même a, de son côté, été adapté à l’image. L’homme est à la taille de ce monde de même que le monde est à sa taille. Il existe une convergence parfaite entre les deux qui fait que, l’estampillage passe sans laisser de traces.
5. L’être-là au pays de cocagne est radicalement non-libre
Notre choix se limite à la sélection des fantômes livrés par la télévision ou la radio. Nous sommes livrés à (remis aux mains de) nos livraisons. Car, il ne nous est plus possible de juger par nous même, de faire des expériences, de prendre position.
L’aliénation est double. Marx avait mis à jour la rupture du rapport entre le travailleur et son produit. Le travail n’a plus de sens pour lui comme son objet lui est dérobé. Or, selon Anders, il en est exactement de même de la consommation, ou de la jouissance. La vie aliénée ne consiste pas seulement dans un travail sans fruit du travail, mais aussi en fruits sans travail. Dans ce sens, la jouissance est tout aussi aliénante que le travail désapproprié.
Il s’ensuit que la résitance elle-même devient produit pour satisfaire la faim de l’effort. En guise de repos de la livraison permanente de marchandises, l’industrie fournit une marchandise supplémentaire: l’effort. Parmi ces marchandises, Anders range: le sport, le hobby, le «do it yourself», les cours et formations de créativité: expression de soi créative, écriture créative, etc.