Nacido en Hannover,
estudió en las universidad Berlín, Munich y
Friburgo, donde se doctoró con una tesis sobre la
teoría del arte en Albert Durero (1914). Comenzó su
actividad académica en la Universidad de Hamburgo
(1921), al tiempo que publicaba algunas de las obras que
definirían su proyección teórica en
el análisis del arte y de las formas visuales, como Idea:
Ein Beitrag zur Begriffsgeschichte del ältren Kunstheorie (1924),
una aproximación a una historia de la teoría
del arte. Tras el ascenso de los nazis en Alemania en los
años treinta, emigra a los Estados Unidos, donde ejerció la
docencia en las universidades de Princeton (1935-62), Harvard
(1947-48) y Nueva York (1963-68).
Discípulo de Aby Warburg (1866-1929), desarrolló un
cuerpo teórico en torno a la formación simbólica
del arte y a su percepción visual, como formas de comunicación,
descritas bajo la denominación de iconología
o ciencia de la interpretación de la expresión
artística. Buena parte de su trabajo se ocupó del
estudio de expresiones artísticas como el Renacimiento,
pero en su amplia obra también alcanza la imagen fotográfica
y el cine.
Fue miembro de la Academia Americana de Arts and Sciences y
de la British Academy.
Entre sus obras: Perspective as Symbolic Form (1927), Studies
in Iconology (1939), The Life and Art of Albrecht
Dürer (1943), Meaning in the Visual Arts (1955), Renaissance
and Renascences in Western Art (1962), Tomb Sculpture (1964), Problems
in Titian, mostly iconographic (1969).
La mayor parte de la obra de Panofsky se edita en lengua española
después de su muerte: Arquitectura gótica
y pensamiento escolástico, Infinito, Buenos Aires,
1959 (Ediciones de la Piqueta, Madrid, 1986); El significado
en las artes visuales, Infinito, Buenos Aires, 1970 (Alianza,
Madrid, 1995); Estudios sobre iconología,
Alianza, Madrid, 1971; La perspectiva como forma simbólica,
Tusquest, Barcelona, 1973; La caja de Pandora. Aspectos
cambiantes de un símbolo mítico, con Dora
Panofsky, Barral Eds., Barcelona, 1975; Renacimiento y
renacimientos en el arte occidental, Alianza, Madrid,
1975; Idea: contribución a la historia de la teoría
del arte, Cátedra, Madrid, 1977; Arquitectura
gótica y pensamiento escolástico, Ediciones
de la Piqueta, Madrid, 1986; Saturno y la melancolía
: estudios de historia de la filosofía de la naturaleza,
la religión y el arte, con R. Klibansky y F. Saxl,
Alianza, Madrid, 1991; Los primitivos flamencos,
Cátedra, Madrid, 1998; Sobre el estilo. Tres ensayos
inéditos, Paidós, Barcelona, 2000; Tiziano:
problemas de iconografía, Akal, Madrid, 2003; Vida
y arte de Alberto Durero, Alianza, Madrid, 2005.
PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN CIENTÍFICA
En su teoría del arte
visual, Panofsky distingue el plano de la forma, el aspecto
iconográfico, del contendido, la iconología.
El arte contiene el mensaje de la época (los valores,
las ideas, la psicología...). Panofsky hace una primera
aproximación semiológica al analizar la carga
simbólica de las imágenes, su mundo, su significado.
Esta lectura visual atraviesa un primer nivel de contacto con
el objeto, de identificación física (preiconográfico);
un segundo nivel, donde se advierten los valores expresivos
de las imágenes (iconográfico), y, por último,
un tercer nivel de profundización en la carga simbólica,
en el mensaje ideológico, en la expresión de
su tiempo histórico, de su contexto social y cultural
(iconológico).
Un breve ensayo de Panofsky acerca del cine –“Style
and Medium in the Motion Pictures”, aparecido en Bulletin
of the Department of Art and Archaeology de la Universidad
de Princteon (1934) y recogido en Panofsky, E., Three Essays
on Style (1995)- está considerado como un texto
clásico en las teorías del séptimo arte,
especialmente porque sirvió
de base para legitimar una modalidad de comunicación
visual tenida como expresión del arte popular. El cine
aparece como una obra artística nacida de una técnica
que evolucionaba para dar mayor relieve expresivo a la imagen
en movimiento. Compara Panofsky la construcción narrativa
del cine, que crea una sensación, transmite visualmente
y describe experiencias perceptivas, con la construcción
de una catedral o de otra obra de arte. Sobre esta afirmación,
sin embargo, matiza: “Esta comparación
–escribe- puede parecer sacrílega, no sólo
porque hay, proporcionalmente, menos películas buenas
que catedrales buenas, sino también porque los cines
son un negocio.”