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4. Los vínculos
científicos |
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El carácter
dinámico de la sociedad tecnológica ha hecho variar
el propio concepto de los parques en apenas una década de existencia
en nuestro país, acentuando sus vínculos con las redes
del conocimiento, en especial con las universidades, como consecuencia
de una proximidad de objetivos que ha llevado, en ocasiones, a que
sean las propias universidades las que hayan afrontado las apuestas
de innovación. Así, aparecen los parques científicos
y tecnológicos o los que directamente se definen como científicos,
aunque siempre vinculados estrechamente a las estructuras productivas
más permeables a la cultura en red.
Un parque científico es una organización gestionada
por profesionales especializados, cuyo objetivo fundamental es incrementar
la riqueza de su comunidad promoviendo la cultura de la innovación
y la competitividad de las empresas e instituciones generadoras de
saber instaladas en el parque o asociadas a él.
En los parques se crean las circunstancias óptimas para que
las ideas y proyectos fructifiquen, ya que están concebidos
como escenarios permeables a los cambios tecnológicos y, por
consiguiente, a la proyección de las innovaciones técnicas
sobre el conjunto de las actividades que en ellos se asientan.
La idea de la cultura en red, que subyace en las nuevas formas de
la investigación y el desarrollo, permite una interrelación
muy fluida con las fuentes del conocimiento, con las remotas y, lógicamente,
con las cercanas. La modernización del sistema universitario
y su homologación en el espacio europeo lleva a un mayor dinamismo
y competitividad de las instituciones académicas, de modo que
la relación entre los parques y las universidades va a ser,
necesariamente, mucho más fluida en el futuro, de acuerdo con
vínculos que no siempre se corresponderán con criterios
de proximidad geográfica, sino de especialización, nivel
científico y tecnológico, etc.
Cuando está cerca el vigésimo aniversario de la existencia
del primer parque tecnológico en España, la huella de
la experiencia no sólo conforma las mejores hipótesis
sobre las bondades de estas instalaciones, sino que estimula la creación
de nuevos espacios, en todas las comunidades autónomas del
país. Propuestas que parten de la convicción de que
en los parques se está sembrando el futuro.
Entre 1985, año en el que se inaugura Zamudio, y 1992, en el
que nace el Parque Tecnológico de Andalucía en Málaga
(PTA), en España
se crean ocho parques tecnológicos, todos ellos promovidos
por las comunidades autónomas. A partir de 1993 empiezan a
surgir otras iniciativas ligadas a promotores que no se corresponden
con el modelo estrictamente autonómico como, por ejemplo, el
de la Zona Franca de Vigo. Durante estos años, el gobierno
balear promueve el Parque Balear de Innovación Tecnológica
(PARCBIT).
A partir de 1995, las universidades manifiestan mayor interés
por su implicación en el proceso de creación de espacios
para la investigación y el desarrollo productivo y, ya en 1998,
aparece el modelo de los parques científicos. Estos últimos
se caracterizan por un tamaño menor que el de los parques tecnológicos
y por el predominio de actividades de I+D y su proyección en
la creación de empresas de base tecnológica. En 2003
eran 22 las universidades interesadas en la creación de parques
científicos y un total de 42 las que colaboraban con estos
proyectos. |
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