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2. Sembrando
el futuro |
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La transición
desde la sociedad industrial a la de la información y del conocimiento
lleva consigo un cambio en los procesos y en los escenarios en los
que se materializa la investigación, la innovación y
la producción de bienes y servicios. Los nuevos usos tecnológicos
desarrollan una estructura de relaciones basada en flujos informativos
que dan origen a la cultura en red. El valor del territorio se modifica
bajo el paraguas de la tecnoesfera, pero la huella del quehacer cotidiano
toma asiento, necesariamente, en espacios locales, creados para conseguir
que las oportunidades de cada momento sean aprovechadas en grado óptimo.
Esos escenarios, esas estructuras de conexión con la información
y el conocimiento tienen una de sus expresiones más dinámicas
en los parques científicos y tecnológicos.
El Silicon
Valley descubrió cómo una nueva ordenación
del territorio productivo, a partir del vínculo permanente
entre recursos humanos y redes, creaba las condiciones idóneas
para establecer unidades espaciales de trabajo con un alto grado de
autosuficiencia, pero al tiempo con una elevada conectividad e interacción
con otros escenarios emergentes, con otros embriones de las nacientes
tecnópolis.
La experiencia californiana hizo visibles muchos de los anuncios de
la literatura que acompañó el proceso de impregnación
tecnológica iniciado en los años setenta. Se verificó
que el medio en el que se desarrolla el sistema productivo constituye
o define en sí mismo un nuevo sistema productivo. Y que la
conectividad y la estructura en red son las soluciones que mejor se
ajustan a un sistema alimentado y regido por la información.
En Europa se acotan, en los años setenta del pasado siglo,
espacios inspirados en el patrón norteamericano, que son presentados
como avanzadillas de la modernidad, como vanguardias de la que entonces
se presentaba como segunda revolución industrial o era postindustrial
y, más adelante, como sociedad de la información. Las
luces del nuevo tiempo que recorrieron Francia, Reino Unido, Alemania
y otras naciones continentales, en España no se encendieron
hasta mediados los años ochenta, en un marco constitucional
y político donde las administraciones autonómicas pugnaban
por situar en su entorno más próximo lo que parecían
ser las incubadoras del progreso y paradigma de la transformación
industrial. |
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