Primera parte del libro de Bernardo Díaz Nosty, Los medios y la modernización de Andalucía, Eds. Tiempo, Madrid, 2002 (ISBN: 84-930909-6-4).
 
1.6. Canal Sur y la modernización

La RTVA adquiere una posición relevante y de referencia en el sistema andaluz de medios. Sin embargo, cuando se ha tratado, en distintas oportunidades, de valorar el papel que puede jugar en la modernización de Andalucía, las instancias políticas que controlan este medio público no han sabido, en la práctica, adecuar sus contenidos a los criterios de servicio público y regeneración cultural del territorio. Sorprende que en el documento base de la Segunda Modernización no se haga ninguna referencia a la televisión ni a los medios de comunicación 30 y se obvien consideraciones sobre las posibilidades de Canal Sur en el proceso, que son, hoy por hoy, de primera magnitud. El director general del ente público, Rafael Camacho, expresaba, meses antes de la aparición del documento, su convicción de que «la RTVA es la fuerza motriz, el motor, de un sector estratégico en el marco de la sociedad de la información» 31.
El modelo de televisión pública andaluza se corresponde, en términos generales, con los valores que definen las prácticas audiovisuales conservadoras. Su fuerte diseño comercial, especialmente en las franjas de prime time –cuando la gente ve televisión; cuando la televisión pública tiene público- impiden el desarrollo de criterios de servicio, esto es, la existencia de soluciones discursivas que se correspondan con aspectos elementales de modernización. Al hablar de televisión y modernización, Javier Estinou –pensando en la realidad mexicana de los 90- define como modelo audiovisual público neoliberal aquel que busca la eficacia comercial y política “a costa del precio cultural y social que sea”, y que, añade, “de esta forma, en lugar de reflexionar y proponer la manera cómo los medios estatales de comunicación pueden colaborar a impulsar el desarrollo del país (...), la propuesta neoliberal anula la raquítica función social de promoción de la cultura, el impulso a la educación y la participación democrática” 32.
La televisión permanece, de momento, bajo resguardo gubernamental, sujeta a una paradójica privatización que la aleja de los cánones de modernización del audiovisual público en Europa, que buscan un nuevo acomodo en los territorios de la participación y la innovación social 33. Las referencias a los medios de comunicación públicos han ido desapareciendo de la agenda política, cuando, por ejemplo, en la ponencia marco del 8º Congreso del PSOE-A se vinculaba claramente la reforma de la RTVA a la modernización:
“El sistema audiovisual público de Andalucía debe asumir una función dinamizadora de las estructuras sociales y culturales de la región (...) Como catalizador potencial de la innovación social, la RTVA debe atender también a los nuevos andaluces, nacidos en un período de profundas transformaciones, de modo que el impulso creativo de la juventud, las ilusiones de los colectivos mejor formados, los sectores de la cultura y el arte, encuentren en el medio público los estímulos necesarios para el desarrollo y arraigo de sus inquietudes y proyectos” 34.
La televisión pública permanece, de momento, bajo resguardo gubernamental, sujeta a una paradójica 'privatización' que la aleja de los cánones de modernización del audiovisual público de Europa.

En el Foro Andalucía en el Nuevo Siglo se planteó la necesidad de transformar las prácticas del audiovisual público y de crear mecanismos independientes de control 35. Esta filosofía regeneracionista se trasladó al compromiso electoral del PSOE-A 36 y fue llevada a la palestra parlamentaria tentativamente, con una desactivación posterior del proyecto mal argumentada 37. El programa autonómico de 2000 se comprometía a “consolidar un espacio audiovisual público, moderno y eficaz, que posibilite el cambio en los hábitos y la cultura de la comunidad, orientándolos hacia la innovación” 38.
El criterio conservador o conservacionista que se impone en la televisión pública hace primar la rentabilidad política del medio, que tiene un sentido inmediato de su utilidad, sobre la rentabilidad social o cultural. Y así, se cree asegurada una clientela fiel a través de mecanismos comerciales de captación y gratificación de la audiencia/elector, con una ‘concesión’ de modernización secundaria a través del Canal 2 Andalucía. Desde posiciones escasamente comprometidas con la sociedad civil y programaciones que se solapan con las emisiones de las cadenas comerciales, sin argumentos que las distingan de éstas, a no ser, en muchos casos, por su mayor pobreza estética, la capacidad no ya de transformación, sino de referencia identitaria, queda ensombrecida. Es de suponer que el proyecto de la Segunda Modernización llegue a considerar, como instrumento clave para el cambio de mentalidad, la potencialidad comunicativa, creativa e innovadora de la radio y televisión públicas.
La ambigüedad o dualidad de los discursos del audiovisual público andaluz exterioriza una cierta contradicción, ya que las segmentaciones de las dos cadenas son, desde el punto de vista ideológico y sociológico, más antitéticas que complementarias. La primera señal, Canal Sur, es tributaria del segmento más conservador o conservacionista de la comunidad, y el menos estructurado Canal 2, teóricamente nacido para atender las demandas de un público joven y urbano, que es el que más se acerca a un vago concepto de lo ‘moderno’ 39, aparece como la puerta trasera del ente. Canal Sur sigue siendo la referencia dominante, mientras que Canal 2 es una solución que se exhibe frecuentemente para neutralizar o acallar las críticas ‘intelectuales’ y ‘minoritarias’ sobre la pobreza del proyecto político de la primera cadena.
Una estrategia de comunicación al servicio de la modernización debería suponer la asunción del riesgo político de invertir los papeles de las cadenas autonómicas. Activar un primer canal urbano y dinamizador de la sociedad, con una adecuada aplicación presupuestaria, y derivar hacia la segunda cadena los nutrientes de los espectadores más conservadores 40. La actual dualización puede terminar produciendo un doble efecto no deseado por los emisores, en términos de gestión mediática electoral, ya que lo que se puede definir como gratificación de ciertos sectores afines se puede convertir, a la vez, en nutriente de otros segmentos conservadores no afines, de acuerdo con la gráfica idea de ‘prensa rosa, voto azul’ 41.
Esta apuesta, en definitiva una discriminación a favor de los jóvenes y del cambio de mentalidad, contribuiría a crear un clima de confianza en las nuevas generaciones acerca de los valores culturales que definen la identidad de Andalucía, pero también actuaría de refuerzo de sus expectativas, que, al estar construidas sobre la memoria familiar del subdesarrollo, son muy frágiles, poco orientadas o devaluadas por las inercias esterilizantes de la autocomplacencia y de la resignación.
A diferencia de las regiones donde la burguesía no sólo hizo algún tipo de revolución industrial, sino que regeneró o creo los valores de identidad del territorio, en Andalucía la identidad regional dominante está asociada a las clases más humildes e incultas, de extracción rural, y tiene un sentido defensivo, conservador, autocomplaciente, refractario a la dialéctica -que entraña cambio- de la cultural del progreso. Modernizar significa reelaborar el imaginario y adaptarlo a las referencias universales del progreso, transformado la ignorancia y el riesgo en expectativas y certidumbre de cambio 42.
Una televisión pública innovadora y participativa significaría para Andalucía un instrumento de primer orden en la difícil transición hacia la modernidad. Un revulsivo determinante y un desincrustante del sentido provinciano de la vida política, donde predomina la retórica sobre la acción política.
Un análisis de la información que emite la Junta describe un sobreflujo de valores enunciativos, de propuestas magnificadas por la acción retórica, que terminan por perder su eficacia y credibilidad entre los sectores más permeables a la modernización, esto es, los más dinámicos. Ahí se descubre una interdependencia entre el discurso de la Junta y los sectores culturalmente menos evolucionados –no alejados de una idea rural de Andalucía-, que establecen una relación de reciprocidad gratificante, cómoda, atenuada, sin estridencias, sin las urgencias y demandas de los sectores urbanos más inquietos, que desarrollan la lógica de la crítica y entran en conflicto con la retórica enunciativa y triunfalista del discurso oficial.
La idea de la modernización aparece ya en el fondo argumental de la autonomía andaluza. La afirmación de la identidad regional adquiere en la transición política española un sentido social y reivindicativo exclusivo, construido a partir de la constatación del atraso cultural y económico, y del deseo de acortar sus diferencias con las comunidades más avanzadas del país. Desde aquella época se advierte que la práctica política se apoya en ‘mitos programáticos’ 43, en los que se fijan las grandes ilusiones de renovación del tiempo presente, generalmente sin una visón realista de lo posible, o con una retórica que entiende la hipérbole como maná nutriente de la autocomplacencia y del orgullo identitario, como una exaltación dialéctica en la que se sustituye el argumento por una peculiar modalidad de fanfarronería prospectiva.

 
30 La referencia indirecta más próxima es la que se refiere, en los párrafos 229 a 231, a ‘la estrategia de la cultura’:
“El socialismo andaluz tiene que ser capaz de incorporar el enorme poder de la cultura como un acelerador de la segunda modernización de Andalucía y de su democracia cívica.
Frente a las amenazas de homogeneización que puede acarrear la globalización, frente a la trivialización de la cultura y de los valores que se puede producir con el fomento de determinado tipo de ocio, debemos propiciar un marco de actuación publica que favorezca a la vez la creación autóctona, la puesta en valor de nuestra identidad andaluza, y la divulgación de lo mejor de la cultura universal.
El sentido crítico, el pensamiento diferenciado, la capacidad de análisis, el gusto por el arte y la producción intelectual debe formar parte de la manera de ser de los andaluces y andaluzas en este nuevo período”.
31 En una intervención en la Fundación Ava (25.01.2001), puso de relieve que “la RTVA no puede aceptar el endoso de las malos gustos que puedan tener audiencias maleducadas. No podemos ser deudores de esos malos hábitos creados y fomentados por otros".
32 La comunicación y la cultura nacionales en los tiempos del libre comercio, Fundación Manuel Buendía, México DF, 1993.
33 La RTVA permanece al margen del movimiento europeo e internacional de las televisiones públicas, el International Public Televisión (INPUT), que desde los años 70 celebran una convención anual, destinada a destacar los valores de innovación, creatividad, lenguajes, etc. del audiovisual público y a establecer circuitos de intercambio distintos a los meramente comerciales. La RTVA, antes de comenzar a emitir, participó en la convención de Granada de 1987, y posteriormente presentó algún programa a la selección de programas innovadores, sin éxito en el empeño. La RTVA ha dejado de participar en este foro mundial. Contrasta este alejamiento del audiovisual público andaluz con la numerosa participación catalana en los encuentros. Así, en la conferencia anual de 2000, celebrada en Halifax (Canadá), de los 21 representantes del entorno audiovisual público de España, 17 pertenecían a medios de Cataluña, fundamentalmente a la CCRTV.
34 PSOE-A, 8º Congreso. Ponencia marco, Sevilla, 1997, pág. 147.
35 Propuesta 79, Junta de Andalucía, Foro Andalucía en el nuevo siglo. Reflexiones y propuestas, Sevilla, 1999, pág. 476.
36 En el programa de las elecciones autonómicas de 2000, el PSOE-A anunciaba la creación de “el Consejo Audiovisual de Andalucía como órgano independiente, para el asesoramiento, consulta y vigilancia de la normativa sobre contenidos audiovisuales, con especial interés al respeto del pluralismo, la calidad y diversidad de los contenidos de programación, el desarrollo de la producción audiovisual y la defensa de la cultura andaluza” (PSOE-A, La Andalucía del Nuevo Siglo, Sevilla, 2000, págs. 39 y 40).
37 En junio de 2000, el grupo socialista sometió a la aprobación del Parlamento de Andalucía una proposición no de ley, por la que se instaba al Gobierno de la Junta a crear mediante decreto “provisional”, y en el plazo máximo de tres meses, un Consejo del Audiovisual de Andalucía.
38 La Andalucía del Nuevo Siglo, pág. 36.
39 No siempre es posible disociar claramente el concepto de la acción modernizadora de la idea de modernidad, ya que esta última está sujeta a las interpretaciones, entre otras disciplinas, de la filosofía y de la sociología de la cultura, que han transitado en las últimas décadas desde las teorizaciones de la posmodernidad hasta la misma muerte de la modernidad (Gianni Vattimo).
40 En los ambientes políticos próximos a la gestión de la RTVA se abunda en la idea del ‘pídeme lo que te doy, que te daré lo que me pides’, que es la negación del cambio. Se da lo que piden las audiencias, lo que ven las audiencias, olvidando que esa dialéctica de la oferta y la demanda no requiere de fuertes inversiones públicas para su satisfacción, ya que tienen una amplia cobertura, con mayores recursos económicos, en las cadenas comerciales. El riesgo de la innovación social, de la modernización a través de los medios se suele menospreciar como soluciones ‘intelectuales’, ‘minoritarias’ y ‘elitistas’, condenando a una comunidad culturalmente atrasada al consumo de nutrientes de bajo perfil, bajo la peculiar apuesta política de que mientras no cambien los demás, nosotros no cambiamos, también conocida como la doctrina del ‘desarme unilateral’ –no es posible el desarme mientras no lo haga el enemigo-, que raya en la negación de la política.
41 Sánchez Díaz, Andrés, Prensa rosa, voto azul, Ardi Beltza, Pamplona, 2000.
42 "Al cabo de varios lustros- escribe Porras Nadales-, podemos entender que el proyecto cultural construido y trasmitido por nuestra cadena autonómica sería más bien el de una “seudomodernización ruralizante”. Un tipo de modelo simbólico-cultural caracterizado por unos contenidos que podrían encontrar su mejor expresión en lo que ha sido alguno de sus principales hitos: el fenómeno del 'agro-pop', simbolizado en el grupo musical de mayor éxito popular en Andalucía, 'No me pises que llevo chanclas' (...) Los grandes 'avances' culturales de la Andalucía finisecular han sido, efectivamente, la definitiva recuperación colectiva de la Semana Santa y la Romería del Rocío (o las diversas romerías locales de cada pueblo de Andalucía). Es decir, las claves predominantes de autoidentificación cultural de los andaluces que abren la puerta histórica del nuevo milenio, se situarían en pautas de proyección hacia el pasado y de dimensión local-rural, o no en torno a proyectos de modernización urbana y de proyección universalizadora." (Porras Nadales, Antonio, "El marco político de la transición andaluza", texto de la conferencia pronunciada en la Universidad de Cádiz, 2001 (en prensa).
43 El profesor Porras Nadales se ha referido a los 'mitos programáticos' de la comunidad autónoma, que durante el gobierno de Rodríguez de la Borbolla se centran en la 'vertebración' y la 'modernización' de Andalucía (Diagnosis y programación política en el Estado Autonómico, Instituto Andaluz de Administración Pública, Sevilla, 1996).