La RTVA adquiere una posición relevante y de referencia en
el sistema andaluz de medios. Sin embargo, cuando se ha tratado, en
distintas oportunidades, de valorar el papel que puede jugar en la
modernización de Andalucía, las instancias políticas
que controlan este medio público no han sabido, en la práctica,
adecuar sus contenidos a los criterios de servicio público
y regeneración cultural del territorio. Sorprende que en el
documento base de la Segunda Modernización no se haga ninguna
referencia a la televisión ni a los medios de comunicación
30 y se obvien consideraciones
sobre las posibilidades de Canal Sur en el proceso, que son, hoy por
hoy, de primera magnitud. El director general del ente público,
Rafael Camacho, expresaba, meses antes de la aparición del
documento, su convicción de que «la RTVA es la fuerza
motriz, el motor, de un sector estratégico en el marco de la
sociedad de la información» 31.
El modelo de televisión pública andaluza se corresponde,
en términos generales, con los valores que definen las prácticas
audiovisuales conservadoras. Su fuerte diseño comercial, especialmente
en las franjas de prime time –cuando la gente ve televisión;
cuando la televisión pública tiene público- impiden
el desarrollo de criterios de servicio, esto es, la existencia de
soluciones discursivas que se correspondan con aspectos elementales
de modernización. Al hablar de televisión y modernización,
Javier Estinou –pensando en la realidad mexicana de los 90- define
como modelo audiovisual público neoliberal aquel que busca
la eficacia comercial y política “a costa del precio cultural
y social que sea”, y que, añade, “de esta forma, en lugar de
reflexionar y proponer la manera cómo los medios estatales
de comunicación pueden colaborar a impulsar el desarrollo del
país (...), la propuesta neoliberal anula la raquítica
función social de promoción de la cultura, el impulso
a la educación y la participación democrática”
32.
La televisión permanece, de momento, bajo resguardo gubernamental,
sujeta a una paradójica privatización que la aleja de
los cánones de modernización del audiovisual público
en Europa, que buscan un nuevo acomodo en los territorios de la participación
y la innovación social 33.
Las referencias a los medios de comunicación públicos
han ido desapareciendo de la agenda política, cuando, por ejemplo,
en la ponencia marco del 8º Congreso del PSOE-A se vinculaba
claramente la reforma de la RTVA a la modernización:
“El sistema audiovisual público de Andalucía debe asumir
una función dinamizadora de las estructuras sociales y culturales
de la región (...) Como catalizador potencial de la innovación
social, la RTVA debe atender también a los nuevos andaluces,
nacidos en un período de profundas transformaciones, de modo
que el impulso creativo de la juventud, las ilusiones de los colectivos
mejor formados, los sectores de la cultura y el arte, encuentren en
el medio público los estímulos necesarios para el desarrollo
y arraigo de sus inquietudes y proyectos” 34.
La
televisión pública permanece, de momento, bajo
resguardo gubernamental, sujeta a una paradójica 'privatización'
que la aleja de los cánones de modernización
del audiovisual público de Europa. |
En el Foro Andalucía en el Nuevo Siglo se planteó
la necesidad de transformar las prácticas del audiovisual
público y de crear mecanismos independientes de control 35.
Esta filosofía regeneracionista se trasladó al compromiso
electoral del PSOE-A 36
y fue llevada a la palestra parlamentaria tentativamente, con una
desactivación posterior del proyecto mal argumentada 37.
El programa autonómico de 2000 se comprometía a “consolidar
un espacio audiovisual público, moderno y eficaz, que posibilite
el cambio en los hábitos y la cultura de la comunidad, orientándolos
hacia la innovación” 38.
El criterio conservador o conservacionista que se impone en la televisión
pública hace primar la rentabilidad política del medio,
que tiene un sentido inmediato de su utilidad, sobre la rentabilidad
social o cultural. Y así, se cree asegurada una clientela
fiel a través de mecanismos comerciales de captación
y gratificación de la audiencia/elector, con una ‘concesión’
de modernización secundaria a través del Canal 2 Andalucía.
Desde posiciones escasamente comprometidas con la sociedad civil
y programaciones que se solapan con las emisiones de las cadenas
comerciales, sin argumentos que las distingan de éstas, a
no ser, en muchos casos, por su mayor pobreza estética, la
capacidad no ya de transformación, sino de referencia identitaria,
queda ensombrecida. Es de suponer que el proyecto de la Segunda
Modernización llegue a considerar, como instrumento clave
para el cambio de mentalidad, la potencialidad comunicativa, creativa
e innovadora de la radio y televisión públicas.
La ambigüedad o dualidad de los discursos del audiovisual público
andaluz exterioriza una cierta contradicción, ya que las
segmentaciones de las dos cadenas son, desde el punto de vista ideológico
y sociológico, más antitéticas que complementarias.
La primera señal, Canal Sur, es tributaria del segmento más
conservador o conservacionista de la comunidad, y el menos estructurado
Canal 2, teóricamente nacido para atender las demandas de
un público joven y urbano, que es el que más se acerca
a un vago concepto de lo ‘moderno’ 39,
aparece como la puerta trasera del ente. Canal Sur sigue siendo
la referencia dominante, mientras que Canal 2 es una solución
que se exhibe frecuentemente para neutralizar o acallar las críticas
‘intelectuales’ y ‘minoritarias’ sobre la pobreza del proyecto político
de la primera cadena.
Una estrategia de comunicación al servicio de la modernización
debería suponer la asunción del riesgo político
de invertir los papeles de las cadenas autonómicas. Activar
un primer canal urbano y dinamizador de la sociedad, con una adecuada
aplicación presupuestaria, y derivar hacia la segunda cadena
los nutrientes de los espectadores más conservadores 40.
La actual dualización puede terminar produciendo un doble
efecto no deseado por los emisores, en términos de gestión
mediática electoral, ya que lo que se puede definir como
gratificación de ciertos sectores afines se puede convertir,
a la vez, en nutriente de otros segmentos conservadores no afines,
de acuerdo con la gráfica idea de ‘prensa rosa, voto azul’
41.
Esta apuesta, en definitiva una discriminación a favor de
los jóvenes y del cambio de mentalidad, contribuiría
a crear un clima de confianza en las nuevas generaciones acerca
de los valores culturales que definen la identidad de Andalucía,
pero también actuaría de refuerzo de sus expectativas,
que, al estar construidas sobre la memoria familiar del subdesarrollo,
son muy frágiles, poco orientadas o devaluadas por las inercias
esterilizantes de la autocomplacencia y de la resignación.
A diferencia de las regiones donde la burguesía no sólo
hizo algún tipo de revolución industrial, sino que
regeneró o creo los valores de identidad del territorio,
en Andalucía la identidad regional dominante está
asociada a las clases más humildes e incultas, de extracción
rural, y tiene un sentido defensivo, conservador, autocomplaciente,
refractario a la dialéctica -que entraña cambio- de
la cultural del progreso. Modernizar significa reelaborar el imaginario
y adaptarlo a las referencias universales del progreso, transformado
la ignorancia y el riesgo en expectativas y certidumbre de cambio
42.
Una televisión pública innovadora y participativa
significaría para Andalucía un instrumento de primer
orden en la difícil transición hacia la modernidad.
Un revulsivo determinante y un desincrustante del sentido provinciano
de la vida política, donde predomina la retórica sobre
la acción política.
Un análisis de la información que emite la Junta describe
un sobreflujo de valores enunciativos, de propuestas magnificadas
por la acción retórica, que terminan por perder su
eficacia y credibilidad entre los sectores más permeables
a la modernización, esto es, los más dinámicos.
Ahí se descubre una interdependencia entre el discurso de
la Junta y los sectores culturalmente menos evolucionados –no alejados
de una idea rural de Andalucía-, que establecen una relación
de reciprocidad gratificante, cómoda, atenuada, sin estridencias,
sin las urgencias y demandas de los sectores urbanos más
inquietos, que desarrollan la lógica de la crítica
y entran en conflicto con la retórica enunciativa y triunfalista
del discurso oficial.
La idea de la modernización aparece ya en el fondo argumental
de la autonomía andaluza. La afirmación de la identidad
regional adquiere en la transición política española
un sentido social y reivindicativo exclusivo, construido a partir
de la constatación del atraso cultural y económico,
y del deseo de acortar sus diferencias con las comunidades más
avanzadas del país. Desde aquella época se advierte
que la práctica política se apoya en ‘mitos programáticos’
43, en los que se
fijan las grandes ilusiones de renovación del tiempo presente,
generalmente sin una visón realista de lo posible, o con
una retórica que entiende la hipérbole como maná
nutriente de la autocomplacencia y del orgullo identitario, como
una exaltación dialéctica en la que se sustituye el
argumento por una peculiar modalidad de fanfarronería prospectiva. |
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30
La referencia indirecta más próxima es la que se refiere,
en los párrafos 229 a 231, a ‘la estrategia de la cultura’:
“El socialismo andaluz tiene que ser capaz de incorporar el enorme
poder de la cultura como un acelerador de la segunda modernización
de Andalucía y de su democracia cívica.
Frente a las amenazas de homogeneización que puede acarrear
la globalización, frente a la trivialización de la cultura
y de los valores que se puede producir con el fomento de determinado
tipo de ocio, debemos propiciar un marco de actuación publica
que favorezca a la vez la creación autóctona, la puesta
en valor de nuestra identidad andaluza, y la divulgación de
lo mejor de la cultura universal.
El sentido crítico, el pensamiento diferenciado, la capacidad
de análisis, el gusto por el arte y la producción intelectual
debe formar parte de la manera de ser de los andaluces y andaluzas
en este nuevo período”.
31 En una intervención en la Fundación
Ava (25.01.2001), puso de relieve que “la RTVA no puede aceptar el
endoso de las malos gustos que puedan tener audiencias maleducadas.
No podemos ser deudores de esos malos hábitos creados y fomentados
por otros".
32 La comunicación y la cultura nacionales
en los tiempos del libre comercio, Fundación Manuel Buendía,
México DF, 1993.
33 La RTVA permanece al margen del movimiento europeo
e internacional de las televisiones públicas, el International
Public Televisión (INPUT), que desde los años 70 celebran
una convención anual, destinada a destacar los valores de innovación,
creatividad, lenguajes, etc. del audiovisual público y a establecer
circuitos de intercambio distintos a los meramente comerciales. La
RTVA, antes de comenzar a emitir, participó en la convención
de Granada de 1987, y posteriormente presentó algún
programa a la selección de programas innovadores, sin éxito
en el empeño. La RTVA ha dejado de participar en este foro
mundial. Contrasta este alejamiento del audiovisual público
andaluz con la numerosa participación catalana en los encuentros.
Así, en la conferencia anual de 2000, celebrada en Halifax
(Canadá), de los 21 representantes del entorno audiovisual
público de España, 17 pertenecían a medios de
Cataluña, fundamentalmente a la CCRTV.
34 PSOE-A, 8º Congreso. Ponencia marco,
Sevilla, 1997, pág. 147.
35 Propuesta 79, Junta de Andalucía, Foro
Andalucía en el nuevo siglo. Reflexiones y propuestas,
Sevilla, 1999, pág. 476.
36 En el programa de las elecciones autonómicas
de 2000, el PSOE-A anunciaba la creación de “el Consejo Audiovisual
de Andalucía como órgano independiente, para el asesoramiento,
consulta y vigilancia de la normativa sobre contenidos audiovisuales,
con especial interés al respeto del pluralismo, la calidad
y diversidad de los contenidos de programación, el desarrollo
de la producción audiovisual y la defensa de la cultura andaluza”
(PSOE-A, La Andalucía del Nuevo Siglo, Sevilla, 2000,
págs. 39 y 40).
37 En junio de 2000, el grupo socialista sometió
a la aprobación del Parlamento de Andalucía una proposición
no de ley, por la que se instaba al Gobierno de la Junta a crear mediante
decreto “provisional”, y en el plazo máximo de tres meses,
un Consejo del Audiovisual de Andalucía.
38 La Andalucía del Nuevo Siglo,
pág. 36.
39 No siempre es posible disociar claramente el concepto
de la acción modernizadora de la idea de modernidad, ya que
esta última está sujeta a las interpretaciones, entre
otras disciplinas, de la filosofía y de la sociología
de la cultura, que han transitado en las últimas décadas
desde las teorizaciones de la posmodernidad hasta la misma muerte
de la modernidad (Gianni Vattimo).
40 En los ambientes políticos próximos
a la gestión de la RTVA se abunda en la idea del ‘pídeme
lo que te doy, que te daré lo que me pides’, que es la negación
del cambio. Se da lo que piden las audiencias, lo que ven las audiencias,
olvidando que esa dialéctica de la oferta y la demanda no requiere
de fuertes inversiones públicas para su satisfacción,
ya que tienen una amplia cobertura, con mayores recursos económicos,
en las cadenas comerciales. El riesgo de la innovación social,
de la modernización a través de los medios se suele
menospreciar como soluciones ‘intelectuales’, ‘minoritarias’ y ‘elitistas’,
condenando a una comunidad culturalmente atrasada al consumo de nutrientes
de bajo perfil, bajo la peculiar apuesta política de que mientras
no cambien los demás, nosotros no cambiamos, también
conocida como la doctrina del ‘desarme unilateral’ –no es posible
el desarme mientras no lo haga el enemigo-, que raya en la negación
de la política.
41 Sánchez Díaz, Andrés, Prensa
rosa, voto azul, Ardi Beltza, Pamplona, 2000.
42 "Al cabo de varios lustros- escribe Porras
Nadales-, podemos entender que el proyecto cultural construido y trasmitido
por nuestra cadena autonómica sería más bien
el de una “seudomodernización ruralizante”. Un tipo de modelo
simbólico-cultural caracterizado por unos contenidos que podrían
encontrar su mejor expresión en lo que ha sido alguno de sus
principales hitos: el fenómeno del 'agro-pop', simbolizado
en el grupo musical de mayor éxito popular en Andalucía,
'No me pises que llevo chanclas' (...) Los grandes 'avances' culturales
de la Andalucía finisecular han sido, efectivamente, la definitiva
recuperación colectiva de la Semana Santa y la Romería
del Rocío (o las diversas romerías locales de cada pueblo
de Andalucía). Es decir, las claves predominantes de autoidentificación
cultural de los andaluces que abren la puerta histórica del
nuevo milenio, se situarían en pautas de proyección
hacia el pasado y de dimensión local-rural, o no en torno a
proyectos de modernización urbana y de proyección universalizadora."
(Porras Nadales, Antonio, "El marco político de la transición
andaluza", texto de la conferencia pronunciada en la Universidad
de Cádiz, 2001 (en prensa).
43 El profesor Porras Nadales se ha referido a los
'mitos programáticos' de la comunidad autónoma, que
durante el gobierno de Rodríguez de la Borbolla se centran
en la 'vertebración' y la 'modernización' de Andalucía
(Diagnosis y programación política en el Estado
Autonómico, Instituto Andaluz de Administración
Pública, Sevilla, 1996).
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