Primera parte del libro de Bernardo Díaz Nosty, Los medios y la modernización de Andalucía, Eds. Tiempo, Madrid, 2002 (ISBN: 84-930909-6-4).
 
1.5. Medios, desarrollo, modernización


En el documento marco de la Segunda Modernización de Andalucía, no se hace ninguna mención a los medios de comunicación, ni siquiera a los de titularidad públicos, que son los que pueden contribuir a una transformación de la realidad acorde con el desiderátum programático de la Junta. Esta ausencia, constatada en las primeras definiciones estratégicas del proyecto gubernamental, sólo es comprensible desde dos consideraciones: una –poco probable-, el desconocimiento del papel de los medios en los procesos de modernización; dos, el blindaje y exclusión de los medios públicos del proyecto de cambio, por su valor instrumental en el control político, y, por consiguiente, como manifestación de las contradicciones en la estrategia de modernización 18.
Gran parte de la tradición teórica de la comunicación parte del análisis de los efectos de los medios en la sociedad, esto es, del reconocimiento de su influencia; de su capacidad de creación de opinión pública, generación de modas, inducciones de conductas electorales y consumos comerciales... Ignorar esta realidad, más aún cuando la comunicación se ha convertido en una ‘institución’ central de la nueva sociedad, resulta, cuando menos, inquietante.
El vínculo medios-modernización está permanentemente presente en los análisis de la comunicación de masa, con diferentes enfoques disciplinares y perspectivas ideológicas. Se trata de una línea de reflexión teórica y de una práctica política que recorre el siglo XX y alcanza, ya en el XXI, un interés especial en los estudios sobre la globalización. Es tras la segunda guerra mundial cuando se conocen las primeras aplicaciones del fenómeno del ‘difusionismo’, relacionado con los planteamientos económicos de Rostow, que entendía que la difusión a través de los medios de la innovación tecnológica y los instrumentos del progreso podían activar o generar el desarrollo de los pueblos más rezagados. Everette M. Rogers 19 y Floyd Schoemaker impulsan esta corriente conductista, con aplicaciones en nuevos usos agrícolas, educativos, sanitarios, alimenticios, administrativos, etc. 20, apoyados por grandes fundaciones norteamericanas, como Ford o Rockefeller, y organizaciones dependientes de las Naciones Unidas, como la FAO, y la Organización de Estados Americanos.

Las ideas de los 'difusionistas' norteamericanos sobre la modernización a través de los medios fueron el origen de las políticas de comunicación para el desarrollo y la democracia aplicadas en América Latina.

Buena parte de estas aplicaciones tuvieron por destinatarias las naciones de América Latina, donde el teórico boliviano Luis Ramiro Beltrán, seguidor de Everette Rogers 21, fue uno de los primeros en plantear soluciones de comunicación para el desarrollo 22. Las debilidades del modelo, especialmente por haber sido concebido desde una mentalidad y en un escenario de comunicación externo y extraño 23, obligaron a un replanteamiento conceptual a través de las llamadas ‘políticas nacionales de comunicación’, que vendrían a definir una línea argumental de gran alcance enunciativo, convertida en el centro del debate de la Unesco en los años 70 24 y, también, el origen de su crisis.
Las políticas nacionales, basadas en la idea de la comunicación para el desarrollo, adolecieron, en muchos casos, de una escasa vocación democrática, ya que fueron desarrolladas por los Estados, con una limitada o nula colaboración de los medios de comunicación privados. No obstante, sirvieron a los teóricos para poner al descubierto los problemas de la dependencia latinoamericana de los Estados Unidos, no sólo en su economía, sino también en la creación de contenidos para los medios, corriente en la que jugará un papel determinante Armand Mattelart.
En la segunda mitad de los ochenta, en plena crisis económica, se realimenta el discurso tecnológico a través de un ‘neodifusionismo’ posibilista, que cifra en los nuevos usos tecnológicos la redención social de la incultura y de lo arcaico: es la sociedad de la información o del conocimiento 25.
Durante la última década, después las convulsiones económicas y de las transiciones hacia la democracia en numerosos países de la zona, se redefine un nuevo concepto de la comunicación para el desarrollo, más próximo a la idea de comunicación para la democracia, que toma como argumentos el cambio del escenario tecnológico y la globalización. Por una parte, aparecen los analistas que denuncian el ‘gap digital’, esto es, la profundización en las desigualdades y la aparición de un nuevo analfabetismo funcional 26, que demandan políticas correctoras del retardo en los usos tecnológicos. Pero, más allá de esta discriminación, están quienes analizan la globalización desde el plano de las identidades locales 27 y los efectos sociales y culturales del fenómeno.
En ciertos aspectos, salvadas las distancias necesarias, la realidad social andaluza tiene rasgos que la asemejan a los de algunas sociedades latinoamericanas, en términos de dependencia económica, retardos en el desarrollo, etc., pero aquí, en el ámbito de la comunicación, no existe la amortiguación de las políticas de comunicación, ni los medios poseen, por regla general, autonomía de agenda y, los que la tienen, especialmente los públicos, carecen de criterio de servicio a la comunidad, al tiempo que se abandonan los medios locales a una ‘espontaneidad’ desnaturalizadora 28. Y es más llamativo este contraste si se parte de la idea de que el primer hecho diferencial de Andalucía con el resto de España es el retardo económico y cultural y que, en términos de comunicación, opera una relación de dependencia de la que solamente se escapan los medios públicos y los locales.
Parece ineludible no sólo incorporar los medios públicos a la acción modernizadora del gobierno de la Junta, sino definir una aplicación específica, asentada en la realidad andaluza, de las teorías sobre comunicación-modernización, en la medida que encierran claves que operan sobre el cambio de mentalidad y la adecuación sincrónica de la innovación social a los procesos dinámicos de la evolución tecnológica. Se trata de una cuestión central 29.

 
18 El proyecto de la Segunda Modernización parece apostar más por el empleo de la red como instrumento de diálogo social, con la apertura de diversos foros de debate (abril de 2002), cuando el número de usuarios de internet era, a finales de 2001, del 18,2 por ciento de la población, con pautas de consumo muy probablemente sesgadas hacia soluciones de ocio y comunicación interpersonal, ajenas a la reflexión y el debate político, como se pone de manifiesto, por ejemplo, en la pobreza y la escasa proyección de los foros abiertos en la página web del PSOE-A.
19 Communication and development, Sage, Beverly Hills, 1976.
20 En el campo de las teorías de la comunicación de los años 50 y 60, el vínculo medios-modernización está presente, entre otros, en los trabajos de Wilburg Schramm, Mass Media and National Developement, SUP, Stanford, 1964; Daniel Lerner, The Passing of Traditional Society, Free Press, Glencoe, 1958; Lucien Pye, Communications and Political Development, Princenton U. Press, Princenton, 1963, etc.
21 Luis Ramiro Beltrán, que cursó estudios en diversas universidades norteamericanas, fue discípulo de David Berlo y Everette Rogers, con quien obtuvo el grado de doctor en la Universidad del Estado de Michigan – Comunicación y modernización fue su tesis-, y con ellos, especialmente con Rogers, mantuvo una relación continuada y enriquecedora. La aplicación de los postulados teóricos del ‘difusionismo’ en América Latina permiten a Rogers ver la inconveniencia de la aplicación mecánica de la visión norteamericana, descontextualizada de los ambientes del subdesarrollo, y la necesidad, que comparte con Beltrán, de arbitrar soluciones locales, esto es, ‘políticas nacionales de comunicación’, que suponen una ruptura teórica con las corrientes funcionalistas dominantes en los Estados Unidos.
22 En esta primera etapa son muy importantes las aportaciones del brasileño Paulo Freire, muy vinculadas con la acción pedagógica de los medios, el venezolano Antonio Pascuali, etc.
23 Tal vez la raíz argumental en la que se basa la crítica del ‘imperialismo cultural’ haya que buscarla en Estados Unidos, en Herbert Schiller, autor, a finales de los sesenta, de Mass Communications and American Empire (Kelley, Nueva York, 1969). Armand Mattelart, desde Chile, va a ser uno de los activos teóricos que denuncien la dependencia no sólo conceptual del modelo, sino la dependencia cultural de América Latina de las industrias culturales norteamericanas.
24 El informe McBride recoge en gran medida el tiempo y el espíritu de las políticas nacionales (Unesco, Un solo mundo, voces múltiples, México, 1980), que en América Latina fueron encauzadas por gobiernos de diverso talante democrático y apoyadas generalmente por los medios y las organizaciones de base de la iglesia católica. La izquierda partidaria de procesos revolucionarios no mostró mayor entusiasmo hacia las políticas nacionales, por entender que los gobiernos y los medios formaban parte de las estructuras de poder dominantes y eran parte de los objetivos del cambio político.
25 Es el tiempo de los profetas de la sociedad de la información -Masuda, McHale, Toffler, Negroponte, etc.-, ‘neodifusionistas’ de la redención tecnológica, voceros del ‘tren que va a pasar’ y no se puede perder, constructores de la ‘utopía de la comunicación’, como la definió Philippe Breton (L’utopie de la communication, La Découverte, París, 1992).
26 El acceso a los nuevos medios tecnológicos, como expresión de modas mercantiles, produce una discriminación económica que excluye de la posibilidad del acceso al conocimiento a amplias capas sociales. En este sentido se entiende el concepto de ‘analfabetismo tecnológico’.
27 Son esclarecedoras las aportaciones de Néstor García Canclini y reseñable el renovado espíritu del veterano Martín-Barbero, especialmente en el papel que asigna a la relación de los medios y la sociedad civil en los procesos de modernización (más que llevar la comunicación a las masas, vendría a decir, liberar a través de los medios públicos la palabra de la sociedad civil).
28 Existe en América Latina una larga práctica cultural de los llamados ‘medios comunitarios’, que tienen especial incidencia en zonas deprimidas, donde la radio suele convertirse en el único medio de socialización, modernización y defensa de los valores de identidad cívica y cultural del entorno. Las emisoras locales andaluzas, tanto de radio como de televisión, a pesar de la ‘espontaneidad’ de su nacimiento, distan mucho del sentido de necesidad y servicio público a la comunidad que prestan los medios en Guatemala, Bolivia, naciones con una larga tradición radial, o en amplias regiones de Colombia, México, Brasil, Perú, etc.
29 En una visita a Andalucía, en noviembre de 2001, para participar en el V Seminario de Comunicación celebrado en Andujar (Jaén), Armand Mattelart mostró públicamente su sorpresa por la naturaleza de los contenidos de los medios públicos y su falta de compromiso con el desarrollo de la comunidad autónoma.