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A comienzos de 2002, el presidente de la Junta de Andalucía,
Manuel Chaves, expuso su convicción de que sólo mediante
un esfuerzo continuado se podría conseguir, como objetivo
a largo plazo, la convergencia de Andalucía con la regiones
que lideran el progreso de Europa. Es en ese momento cuando se hace
público el proyecto de la 'Segunda Modernización',
cuya propuesta última es la plena incorporación de
la comunidad autónoma a la ‘sociedad del conocimiento’.
Un análisis crítico –la crítica es la esencia
dialéctica en el debate de las ideas- descubre en el empeño
de la modernización ciertos rasgos voluntaristas que ya se
habían dado en otros momentos de la historia reciente de
Andalucía, en los que el pensamiento del cambio recurre más
a soluciones retóricas que a planteamientos estratégicos
eficaces 12 . El
desarrollo tecnológico de California, su centralidad y vitalidad
en tantos aspectos, se quiso trasladar, a finales de los 80, tal
vez por ventura de las similitudes climáticas, a una Andalucía
que pasaría de la sociedad rural a la sociedad de la información,
como si las vanguardias económicas y socio-culturales o la
geografía de la riqueza pudiesen clonarse o adquirirse como
software mágico del progreso 13.
Esta ilusión retórica, que sin duda parte de la mejor
voluntad política, subyace, con menos ingenuidad, en alguna
de las nuevas propuestas. Se cree posible, en el plazo de veinte
años, abandonar el furgón de cola de la UE y situar
a Andalucía entre las primeras regiones europeas. Aun sin
conocer los valores de la dirección estratégica en
las que se basa el proyecto, hay que suponer que, en un escenario
tan dinámico como el europeo, la construcción del
futuro –el progreso- será más fácil para quienes
ya poseen la cultura del progreso; estará más próxima
la sociedad del conocimiento para aquellos territorios que han cultivado
previamente el conocimiento por encima de la seducción del
instrumental 14.
Generalmente, los procesos de modernización apoyados en iniciativas
políticas –véase la historia contemporánea-
arrancan de movimientos o estrategias de transformación argumentadas
desde la ilusión y la novedad de los proponentes, de un cambio
en la gestión de lo público. Las inducciones afrontadas
desde posiciones inmovilistas o escasamente innovadoras han sido,
por el contrario, el recurso embriagador de los gobiernos autoritarios,
paternalistas o populistas, en naciones con escaso desarrollo de
la cultura democrática.
La
consecución de un nivel de vida más elevado
genera, tal vez por ausencia de una cultura previa de riqueza,
una paradójica visión estática del progreso
y un sentimiento de conservación autocomplaciente. |
En el caso de Andalucía, distinto a los descritos,
se parte de una contradicción. La salida del subdesarrollo
se presenta como el patrimonio político del partido gobernante,
un hecho reconocido y recompensado electoralmente, pero esa circunstancia
se puede convertir en un estímulo conservador. La consecución
de un nivel de vida más elevado genera, tal vez por ausencia
de una cultura previa de riqueza, una paradójica visión
estática del progreso y un sentimiento de conservación
de lo conquistado donde es fácil caer en una valoración
autocomplaciente, porque lo conseguido parece eximir a los ‘conseguidores’
de lo que deberían conseguir... El afán conservacionista
o conservador se basa en las gratificaciones del presente, en el
contraste con el subdesarrollo del pasado. La memoria del subdesarrollo
permite exclamar “estamos mejor que nunca” 15,
en lugar de “debemos romper la divergencia” o “debemos converger”.
En la sicosociología de la Andalucía actual se conocen
manifestaciones escasamente estudiadas, pero que podrían
ser interpretadas, al menos en términos de hipótesis,
como expresiones de un cierto rechazo y hasta temor a la modernización.
Hay –y es sólo un ejemplo- un esfuerzo en el ámbito
de la cultura popular, muy arropado desde las instituciones, consistente
en volcar sobre un concepto conservador de ‘lo nuestro’ los recursos
del tiempo nuevo; esto es, excitar el valor de lo propio-pretérito
hasta extremos impropios del presente. Muchas fiestas religiosas
y populares, que dicen beber en la tradición, se recrean
con un esplendor que nunca tuvieron en el pasado, con lo que el
salto a la sociedad urbana consiste, en ocasiones, en poner lujo
a la imagen rural, algo que conduce a vestir de riqueza los tópicos
de la miseria, o desarrollar modalidades de vitalidad social que
pueden seguir alimentando, fuera la comunidad autónoma, la
vieja idea de “Andalucía, la que divierte” 16.
El problema de esta visión conservadora describe algunas
contradicciones, que cabe enunciar como hipótesis razonables.
Al haber sido realizados los grandes cambios del paisaje andaluz
–carreteras, hospitales, aulas, servicios, etc.- por administraciones
socialistas, se ha generado un amplio reconocimiento público,
más intenso y generalizado entre los colectivos con mayor
memoria del subdesarrollo, que son también los más
conservacionistas de la mejora y constituyen la primera cantera
electoral del PSOE-A. En general, se trata de generaciones y sectores
que no poseen los mejores argumentos para la modernización
o, incluso, podrían resultar refractarios a un cambio de
mentalidad. Es el segmento sociológico que, seguramente con
esta lógica, cultiva con preferencia Canal Sur y el que devuelve
a la cadena pública los mejores valores de audiencia 17.
Esa dependencia y servidumbre puede, sin embargo, lastrar las posibilidades
de movilización social y cultural de las nuevas generaciones,
sobre las cuales se ha centrado, especialmente en materia de formación,
el mayor esfuerzo modernizador de la etapa democrática. Entre
una sociedad rural afincada en las ciudades y la sociedad urbana
de las nuevas generaciones hay un salto sorprendente. Sin embargo,
los criterios de rentabilidad política y la búsqueda
de retornos electorales han creado una cierta esquizofrenia en la
gestión y en la retórica del gobernante, reflejo de
las corrientes conservadora y modernizadora que definen su partido
y de una realidad social cortada por un 'gap' generacional profundo.
La opción modernizadora, que implica un cambio de mentalidad,
tiene ya un camino franco, que reúne las mejores condiciones
y ha superado una primera fase de modernización: la de los
llamados ‘nuevos andaluces’. Los 300.000 estudiantes universitarios,
entre los que se dan, no obstante, altas tasas de abandono de las
aulas, son los más receptivos al mensaje de modernización,
esto es, a la renovación ideológica de los vínculos
de identidad y pertenencia a una comunidad donde es posible desarrollar
sus expectativas, que son necesariamente distintas a las de sus
mayores, su potencialidad científica de innovación,
que es la verdadera esencia de la sociedad del conocimiento. Se
trata de dar espacio de sociedad moderna a una juventud moderna,
porque no es posible modernizar el pasado.
El peligro de la ausencia de políticas que hagan sostenible
lo que ya es en parte moderno –la juventud-, puede no sólo
generar frustraciones desconocidas en etapas anteriores, sino un
debilitamiento de los pilares sociológicos de la modernización.
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12 Rodríguez
de la Borbolla, José, Andalucía, un proyecto de
modernización, discurso de investidura, Oficina del Portavoz
del Gobierno, Sevilla, 1986. El profesor Porras Nadales estima la
apuesta de Rodríguez de la Borbolla como "la más
ambiciosa de la historia autonómica". "Menospreciada
por algunos -escribe-, recibida con sonrisas escépticas por
muchos, ignorada por otros, el ideal programático que en su
formulación más extrema se expresó en el mito
de la 'California de Europa', representaba sin duda una sorprendente
huida hacia delante por parte de un presidente condenado por su propio
partido" ("La sombra de Borbolla", Ideal,
Granada, 28.02.2002).
13 Rostow, en sus teorías sobre el crecimiento
y el desarrollo, señalaba que la tecnología podía
actuar de impulsora –el take off- de las sociedades subdesarrolladas
hacia el progreso y la modernización. El gran ‘descuido’ teórico
fue atribuir al avance tecnológico una capacidad taumatúrgica,
independientemente del contexto social y cultural de las naciones
(Rostow, Wlat W., Las etapas del crecimiento económico,
Fondo de Cultura Económica, México, 1963).
14 A esta conclusión llegan los ‘difusionistas’
del progreso y la modernidad a través de los medios, al observar,
especialmente en las naciones con desequilibrios económicos,
que su acción conductista tenía mayor eco entre quienes
ya disfrutaban de un nivel previo de riqueza. “Las investigaciones
difusionistas –señala Beltrán, refiriéndose a
experiencias norteamericanas- nos han demostrado que los agricultores
privilegiados que poseen tierras (particularmente más tierras
que los otros, disfrutan de un nivel socioeconómico y educativo
alto y tienen amplio acceso a las oportunidades de la comunicación
masiva, son los más innovadores en cuanto a adoptar nuevas
tecnologías agrícolas” (Beltrán, Luis Ramiro,
“Premisas, objetos y métodos foráneos en la investigación
sobre comunicación en América Latina”, en Moragas, Miquel,
Sociología de la comunicación de masas, vol.
1, Barcelona, 1986, pág. 82).
15 Esta frase, nada infrecuente, se toma de una conversación
con un alcalde de la provincia de Jaén, en la primavera de
2002, en la que éste dijo textualmente: “Estamos mejor que
nunca... Si es que lo tenemos todo ¿Qué más podemos
pedir?”. Desde este espejismo no le resultó difícil
afirmar, en un acto público, que “vamos a ser los más
cultos de Europa”. En 2001, el índice de difusión de
la prensa diaria en Jaén se situaba 5,4 veces por debajo de
la media europea y el nivel de usuarios de internet, el 9,8 por ciento,
cuatro veces inferior al referente comunitario.
16 Thompson analiza esta cuestión y descubre
que los mismos medios locales pueden suplantar la transmisión
oral, la memoria colectiva, con la recreación de un imaginario
normalizado y actualizado con los lenguajes de las nuevas extensiones
tecnológicas de los medios y, por consiguiente, restaurar toda
la vigencia de tradiciones consideradas como arcaicas. Es lo que define
como “el rearraigo de la tradición” (Thompson, John B., Los
media y la modernización, Paidós, Barcelona, 1998,
págs. 237 y ss.).
17 Una proyección de esta visión dualizada
se puede apreciar en la creación de Canal 2 Andalucía,
dirigida a un público joven y urbano, que, a pesar de su bajo
presupuesto y programación marginal, ha superado los 4 puntos
de audiencia, una cuarta parte de la primera cadena pública.
Canal 2, presentada como marca de modernización, aparece tácitamente
bajo el área de influencia del Partido Andalucista, socio de
Gobierno de los socialistas en la Junta. |
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