Primera parte del libro de Bernardo Díaz Nosty, Los medios y la modernización de Andalucía, Eds. Tiempo, Madrid, 2002 (ISBN: 84-930909-6-4).
 
1.4. Las utopías de la modernización


A comienzos de 2002, el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, expuso su convicción de que sólo mediante un esfuerzo continuado se podría conseguir, como objetivo a largo plazo, la convergencia de Andalucía con la regiones que lideran el progreso de Europa. Es en ese momento cuando se hace público el proyecto de la 'Segunda Modernización', cuya propuesta última es la plena incorporación de la comunidad autónoma a la ‘sociedad del conocimiento’.
Un análisis crítico –la crítica es la esencia dialéctica en el debate de las ideas- descubre en el empeño de la modernización ciertos rasgos voluntaristas que ya se habían dado en otros momentos de la historia reciente de Andalucía, en los que el pensamiento del cambio recurre más a soluciones retóricas que a planteamientos estratégicos eficaces 12 . El desarrollo tecnológico de California, su centralidad y vitalidad en tantos aspectos, se quiso trasladar, a finales de los 80, tal vez por ventura de las similitudes climáticas, a una Andalucía que pasaría de la sociedad rural a la sociedad de la información, como si las vanguardias económicas y socio-culturales o la geografía de la riqueza pudiesen clonarse o adquirirse como software mágico del progreso 13.
Esta ilusión retórica, que sin duda parte de la mejor voluntad política, subyace, con menos ingenuidad, en alguna de las nuevas propuestas. Se cree posible, en el plazo de veinte años, abandonar el furgón de cola de la UE y situar a Andalucía entre las primeras regiones europeas. Aun sin conocer los valores de la dirección estratégica en las que se basa el proyecto, hay que suponer que, en un escenario tan dinámico como el europeo, la construcción del futuro –el progreso- será más fácil para quienes ya poseen la cultura del progreso; estará más próxima la sociedad del conocimiento para aquellos territorios que han cultivado previamente el conocimiento por encima de la seducción del instrumental 14.
Generalmente, los procesos de modernización apoyados en iniciativas políticas –véase la historia contemporánea- arrancan de movimientos o estrategias de transformación argumentadas desde la ilusión y la novedad de los proponentes, de un cambio en la gestión de lo público. Las inducciones afrontadas desde posiciones inmovilistas o escasamente innovadoras han sido, por el contrario, el recurso embriagador de los gobiernos autoritarios, paternalistas o populistas, en naciones con escaso desarrollo de la cultura democrática.

La consecución de un nivel de vida más elevado genera, tal vez por ausencia de una cultura previa de riqueza, una paradójica visión estática del progreso y un sentimiento de conservación autocomplaciente.

En el caso de Andalucía, distinto a los descritos, se parte de una contradicción. La salida del subdesarrollo se presenta como el patrimonio político del partido gobernante, un hecho reconocido y recompensado electoralmente, pero esa circunstancia se puede convertir en un estímulo conservador. La consecución de un nivel de vida más elevado genera, tal vez por ausencia de una cultura previa de riqueza, una paradójica visión estática del progreso y un sentimiento de conservación de lo conquistado donde es fácil caer en una valoración autocomplaciente, porque lo conseguido parece eximir a los ‘conseguidores’ de lo que deberían conseguir... El afán conservacionista o conservador se basa en las gratificaciones del presente, en el contraste con el subdesarrollo del pasado. La memoria del subdesarrollo permite exclamar “estamos mejor que nunca” 15, en lugar de “debemos romper la divergencia” o “debemos converger”.
En la sicosociología de la Andalucía actual se conocen manifestaciones escasamente estudiadas, pero que podrían ser interpretadas, al menos en términos de hipótesis, como expresiones de un cierto rechazo y hasta temor a la modernización. Hay –y es sólo un ejemplo- un esfuerzo en el ámbito de la cultura popular, muy arropado desde las instituciones, consistente en volcar sobre un concepto conservador de ‘lo nuestro’ los recursos del tiempo nuevo; esto es, excitar el valor de lo propio-pretérito hasta extremos impropios del presente. Muchas fiestas religiosas y populares, que dicen beber en la tradición, se recrean con un esplendor que nunca tuvieron en el pasado, con lo que el salto a la sociedad urbana consiste, en ocasiones, en poner lujo a la imagen rural, algo que conduce a vestir de riqueza los tópicos de la miseria, o desarrollar modalidades de vitalidad social que pueden seguir alimentando, fuera la comunidad autónoma, la vieja idea de “Andalucía, la que divierte” 16.
El problema de esta visión conservadora describe algunas contradicciones, que cabe enunciar como hipótesis razonables. Al haber sido realizados los grandes cambios del paisaje andaluz –carreteras, hospitales, aulas, servicios, etc.- por administraciones socialistas, se ha generado un amplio reconocimiento público, más intenso y generalizado entre los colectivos con mayor memoria del subdesarrollo, que son también los más conservacionistas de la mejora y constituyen la primera cantera electoral del PSOE-A. En general, se trata de generaciones y sectores que no poseen los mejores argumentos para la modernización o, incluso, podrían resultar refractarios a un cambio de mentalidad. Es el segmento sociológico que, seguramente con esta lógica, cultiva con preferencia Canal Sur y el que devuelve a la cadena pública los mejores valores de audiencia 17.
Esa dependencia y servidumbre puede, sin embargo, lastrar las posibilidades de movilización social y cultural de las nuevas generaciones, sobre las cuales se ha centrado, especialmente en materia de formación, el mayor esfuerzo modernizador de la etapa democrática. Entre una sociedad rural afincada en las ciudades y la sociedad urbana de las nuevas generaciones hay un salto sorprendente. Sin embargo, los criterios de rentabilidad política y la búsqueda de retornos electorales han creado una cierta esquizofrenia en la gestión y en la retórica del gobernante, reflejo de las corrientes conservadora y modernizadora que definen su partido y de una realidad social cortada por un 'gap' generacional profundo.
La opción modernizadora, que implica un cambio de mentalidad, tiene ya un camino franco, que reúne las mejores condiciones y ha superado una primera fase de modernización: la de los llamados ‘nuevos andaluces’. Los 300.000 estudiantes universitarios, entre los que se dan, no obstante, altas tasas de abandono de las aulas, son los más receptivos al mensaje de modernización, esto es, a la renovación ideológica de los vínculos de identidad y pertenencia a una comunidad donde es posible desarrollar sus expectativas, que son necesariamente distintas a las de sus mayores, su potencialidad científica de innovación, que es la verdadera esencia de la sociedad del conocimiento. Se trata de dar espacio de sociedad moderna a una juventud moderna, porque no es posible modernizar el pasado.
El peligro de la ausencia de políticas que hagan sostenible lo que ya es en parte moderno –la juventud-, puede no sólo generar frustraciones desconocidas en etapas anteriores, sino un debilitamiento de los pilares sociológicos de la modernización.

 
12 Rodríguez de la Borbolla, José, Andalucía, un proyecto de modernización, discurso de investidura, Oficina del Portavoz del Gobierno, Sevilla, 1986. El profesor Porras Nadales estima la apuesta de Rodríguez de la Borbolla como "la más ambiciosa de la historia autonómica". "Menospreciada por algunos -escribe-, recibida con sonrisas escépticas por muchos, ignorada por otros, el ideal programático que en su formulación más extrema se expresó en el mito de la 'California de Europa', representaba sin duda una sorprendente huida hacia delante por parte de un presidente condenado por su propio partido" ("La sombra de Borbolla", Ideal, Granada, 28.02.2002).
13 Rostow, en sus teorías sobre el crecimiento y el desarrollo, señalaba que la tecnología podía actuar de impulsora –el take off- de las sociedades subdesarrolladas hacia el progreso y la modernización. El gran ‘descuido’ teórico fue atribuir al avance tecnológico una capacidad taumatúrgica, independientemente del contexto social y cultural de las naciones (Rostow, Wlat W., Las etapas del crecimiento económico, Fondo de Cultura Económica, México, 1963).
14 A esta conclusión llegan los ‘difusionistas’ del progreso y la modernidad a través de los medios, al observar, especialmente en las naciones con desequilibrios económicos, que su acción conductista tenía mayor eco entre quienes ya disfrutaban de un nivel previo de riqueza. “Las investigaciones difusionistas –señala Beltrán, refiriéndose a experiencias norteamericanas- nos han demostrado que los agricultores privilegiados que poseen tierras (particularmente más tierras que los otros, disfrutan de un nivel socioeconómico y educativo alto y tienen amplio acceso a las oportunidades de la comunicación masiva, son los más innovadores en cuanto a adoptar nuevas tecnologías agrícolas” (Beltrán, Luis Ramiro, “Premisas, objetos y métodos foráneos en la investigación sobre comunicación en América Latina”, en Moragas, Miquel, Sociología de la comunicación de masas, vol. 1, Barcelona, 1986, pág. 82).
15 Esta frase, nada infrecuente, se toma de una conversación con un alcalde de la provincia de Jaén, en la primavera de 2002, en la que éste dijo textualmente: “Estamos mejor que nunca... Si es que lo tenemos todo ¿Qué más podemos pedir?”. Desde este espejismo no le resultó difícil afirmar, en un acto público, que “vamos a ser los más cultos de Europa”. En 2001, el índice de difusión de la prensa diaria en Jaén se situaba 5,4 veces por debajo de la media europea y el nivel de usuarios de internet, el 9,8 por ciento, cuatro veces inferior al referente comunitario.
16 Thompson analiza esta cuestión y descubre que los mismos medios locales pueden suplantar la transmisión oral, la memoria colectiva, con la recreación de un imaginario normalizado y actualizado con los lenguajes de las nuevas extensiones tecnológicas de los medios y, por consiguiente, restaurar toda la vigencia de tradiciones consideradas como arcaicas. Es lo que define como “el rearraigo de la tradición” (Thompson, John B., Los media y la modernización, Paidós, Barcelona, 1998, págs. 237 y ss.).
17 Una proyección de esta visión dualizada se puede apreciar en la creación de Canal 2 Andalucía, dirigida a un público joven y urbano, que, a pesar de su bajo presupuesto y programación marginal, ha superado los 4 puntos de audiencia, una cuarta parte de la primera cadena pública. Canal 2, presentada como marca de modernización, aparece tácitamente bajo el área de influencia del Partido Andalucista, socio de Gobierno de los socialistas en la Junta.