Primera parte del libro de Bernardo Díaz Nosty, Los medios y la modernización de Andalucía, Eds. Tiempo, Madrid, 2002 (ISBN: 84-930909-6-4).
 
1.3. Modernización y convergencia


Son diversos los análisis que entienden que el cambio económico y social de Andalucía no consiste en la consecución de un objetivo fijo –la salida del subdesarrollo-, ya alcanzado, sino que ese objetivo es el punto de arranque para circular por un nuevo espacio dinámico, el del progreso, donde es necesario superar la fase de autocomplacencia que sigue a la superación de la pobreza 4. La autocomplacencia recrea la salida del subdesarollo como un objetivo que hay que conservar y lo convierte, por ello, en valor conservador cuando hace de él un espejismo de la modernización.
Las mediciones estadísticas coinciden en situar a Andalucía en los lugares más rezagados de España y, en consecuencia, de Europa. El hecho no es nuevo, pues la comunidad autónoma aparecía ya con esa desventaja en etapas precedentes. Lo que se constata es el carácter endémico del retardo relativo, ya que los diferenciales no expresan síntomas de convergencia.
La convergencia de Andalucía con el resto de España requiere la concatenación de un cúmulo de esfuerzos que difícilmente podrá afrontar la comunidad autónoma en solitario. Andalucía parte de un déficit estructural que alcanza al conjunto de sus actividades y trasciende al plano de la economía, de la cultura, de la interlocución política. Un déficit con el que se puede definir el hecho diferencial andaluz a lo largo de las transiciones política y económica de España. Por encima de otras peculiaridades, el retraso histórico es el elemento distintivo de mayor significación. A pesar del despegue económico de España y del proceso de convergencia con Europa, las bases económicas y estructurales más sólidas de Andalucía –la primera comunidad de España por el número de habitantes- se siguen sustentando en los cultivos convencionales de la agricultura y del ocio turístico. Esta realidad, muy difícil de admitir por los gestores políticos, es, sin embargo, una base de partida en cualquier proyecto político de convergencia, de modernización sostenible.
Cuando se advierte que la distancia que separa a España de la media europea es cada vez más corta y que las comunidades autónomas mejor dotadas superan el referente de la UE, destaca aún más la postergación de Andalucía. Cuando España, a comienzos de 2001, se encontraba 13,4 puntos de la media comunitaria, el diferencial andaluz era de 36. Si a España se le restase Andalucía, la diferencia con Europa se acortaría hasta sólo 8,3 puntos 5. Con ligeros matices, la mayoría de las evaluaciones vienen a coincidir en la larga distancia que separa a la comunidad autónoma de sus entornos español y europeo.
Ante esta situación, centrar en el Gobierno autonómico la responsabilidad absoluta del fracaso de la convergencia es injusto. Si se admite como hecho diferencial el retardo y el carácter endémico de éste, hay que replantear la cuestión en otros términos y, tal vez, llegar a definir el problema como una cuestión de Estado. La convergencia, así vista, aparece como un objetivo solidario, reparador de ‘descuidos’ históricos de los gobiernos centrales, pero también como una necesidad de la propia convergencia europea de España.

La Andalucía parte de un déficit estructural que alcanza a la economía, la cultura, la interlocución política. Un déficit que define el hecho diferencial andaluz a lo largo de las transiciones política y económica de España.

A los problemas de desarrollo económica se une otro: la escasa interlocución de la comunidad autónoma en el conjunto del Estado. La población andaluza, esto es, el agregado territorial más numeroso de la democracia española, con 7,5 millones de habitantes, dista mucho de ser la primera en las relaciones de poder centro-periferia, y su voz se compadece más con su cuota económica.
La interlocución comprende el conjunto de instrumentos que describen la autoridad, la posición y el peso específico de la comunidad en la escena nacional. Andalucía desarrolla, o puede que sea el resto de España quien la imponga, una modalidad alternativa de interlocución –una interlocución especializada-, basada en la explotación de tópicos de bajo perfil, muy del gusto de las caricaturas televisivas, que anclan a Andalucía y sus ciudadanos en formas de vida rurales, holganza risueña, desenfado festivo y ocio pretecnológico.
Sorprende ver cómo, en ocasiones, los retardos económicos y culturales no se encaran con el riesgo de los retos de innovación social y cultural. Cómo la ‘inversión’ en democracia, que no depende tanto de las políticas económicas como de la voluntad política de progreso, es extremadamente cautelosa, en cualquier caso ajena a las pautas de dinamización social en las que cabe suponer se centrará el proyecto de la Segunda Modernización. Los procesos de dinamización social, que implican participación y debate, son siempre necesarios para crear estímulos de confianza en el futuro, esto es, expectativas, muy necesarias en los territorios que carecen de una memoria dilatada de progreso 6.
Comunicación y modernización aparecen, en el plano de los conceptos de los idearios del cambio, como elementos indisociables 7. En las naciones en vías de desarrollo o en procesos de democratización, especialmente en América Latina, han surgido diversas corrientes teóricas que vinculan la comunicación al desarrollo y a la democratización, promoviendo para ello la definición de políticas tendentes al cambio de mentalidad, a la socialización de la cultura del progreso. Comunicación para la modernización aparece aquí como una proyección, prolongación y fase ulterior de estas teorizaciones y propuestas políticas para los medios públicos 8.
Hoy, bajo la sombrilla de la globalización, aparece una modernización estándar, basada en las pautas del mercado, que define costumbres, hábitos y modas a través de los valores que difunden los contenidos de las industrias culturales y mediáticas. En Andalucía, por ejemplo, los jóvenes adquieren ya más valores de identidad y referencia del escenario ‘moderno’ global –música, cine, usos tecnológicos, mitos, etc.- que del local, cuyo cariz, en muchos casos, es ‘arcaizante’ y ‘rural’, con lo que pierden buena parte de su eficacia y valor complementario 9. Por ello, todo parece indicar que el proceso de transformación de Andalucía requeriría de una oxigenación del imaginario colectivo local, con valores retóricos y de representación más ajustados al concepto urbano de la sociología de la modernización.
La construcción del futuro, la modernización y la defensa de la cultura propia como elemento de la diversidad pasan por la aplicación de estrategias para el cambio de mentalidad y redefinición de la ideología identitaria, que no de la identidad, haciéndolas compatibles y complementarias con los códigos y lenguajes propios que subyacen bajo los ‘mitos programáticos’ de la modernización. Ningún proceso de cambio de mentalidad contemporáneo se ha hecho al margen de los medios 10, bien a través de la propaganda, más propia de regímenes autoritarios o paternalistas, o de los mecanismos de difusión del progreso a través de los medios, la emulación y la creación de expectativas, ampliamente experimentados en Estados Unidos por las corrientes conductistas 11.

 
4 Especial interés revisten los análisis, no siempre homogéneos, ni trazados por una metodología de conjunto, del Foro Andalucía en el Nuevo Siglo. “El diagnóstico que contiene confirma la idea de que Andalucía cuenta hoy con potencial y con recursos para afrontar y superar con garantías suficientes los retos del siglo XXI”, señaló el presidente Chaves en la presentación de los trabajos (Reflexiones y propuestas, Junta de Andalucía, Sevilla, 1999, pág. 4).
5 Según estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorro Confederadas (Funcas), 2001.
"...mientras que en 1981 el PIB por habitante andaluz era del 76,9 por ciento de la media española, en 2000 sólo suponía el 73,5 y, auqnue su posición mejoró respecto de la media europea entre 1988 y 1998, lo hizo en menor intensidad que las regiones objetivo 1 [de la UE], y muy alejada de regiones cercanas (3 puntos de Andalucía frente a 20 del Algarve, 28 del Alentejo o 7 de Castilla-La Mancha)" (Ferraro, Francisco J., "Es la economía", Ideal, Granada, 28.02.2002).
6 Coincidiendo con el proyecto de la Segunda Modernización, la Junta promovió una campaña de propaganda institucional –es correcto decir propaganda y no publicidad- bajo el lema de “Andalucía imparable”, cuyo planteamiento y puesta en escena contradicen el espíritu de la modernización, en la medida que sacralizan el tiempo presente por lo conseguido en el pasado. Vistas así las cosas, desde la autocomplacencia atrevida del discurso, es difícil invitar a un proceso colectivo de transición o de convergencia con otras comunidades españolas cuya renta casi dobla la de Andalucía.
7 “Nadie nace moderno, luego la necesidad de aprender valores, actitudes, percepciones y comportamientos nuevos es para muchos teóricos una premisa. Partidarios de la teoría del ‘aprendizaje social’ de Albert Bandura, creen que la observación, la retención, la imitación y el refuerzo del comportamiento a través de los medios de comunicación, contribuyen a explicar conductas con el espíritu de renovación o modernización” (Leonardo Ferreira, “Los medios masivos en la democracia”, ponencia en el Foro Internacional Democracia en el Siglo XXI. Santo Domingo, noviembre, 2000).
8 En un proceso de amplia desregulación es poco viable imponer a los medios privados pautas de conducta definibles en términos de políticas informativas. Sin embargo, es el propio fenómeno de la desregulación del audiovisual el que está impulsando la búsqueda de nuevos objetivos de políticas públicas a través de los medios públicos, mediante el acercamiento de éstos a las necesidades y demandas cívicas o a la creación de estímulos que alimenten la condición cívica del usuario de los medios.
9 “En las nuevas generaciones, las identidades se organizan menos en torno a símbolos histórico-territoriales, los de la memoria de la patria, que alrededor de los de Hollywood, Televisa o Benetton” (García Canclini, Néstor, Consumidores y ciudadanos. Conflictos culturales de la globalización, Grijalbo, México, 1995, pág. 33.
10 Es reciente el caso de la revolución ‘mediática’ chiapaneca. El subcomandante Marcos ha basado su acción reivindicativa más en las estrategias de comunicación –incluida la primera marcha virtual de los zapatistas a través de internet- que en escaramuzas de naturaleza armada.
11 En distintos estudios culturales se ha atribuido a Hollywood un claro valor de estímulo de la modernidad, al menos a partir del patrón metropolitano de los Estados Unidos. El cine, especialmente gracias a su consumo masivo a través de la televisión, ha sido el primer agente globalizador de costumbres y difusor de la marca norteamericana de modernidad, el american way of life.