Son diversos los análisis que entienden que el cambio económico
y social de Andalucía no consiste en la consecución
de un objetivo fijo –la salida del subdesarrollo-, ya alcanzado,
sino que ese objetivo es el punto de arranque para circular por
un nuevo espacio dinámico, el del progreso, donde es necesario
superar la fase de autocomplacencia que sigue a la superación
de la pobreza 4. La
autocomplacencia recrea la salida del subdesarollo como un objetivo
que hay que conservar y lo convierte, por ello, en valor conservador
cuando hace de él un espejismo de la modernización.
Las mediciones estadísticas coinciden en situar a Andalucía
en los lugares más rezagados de España y, en consecuencia,
de Europa. El hecho no es nuevo, pues la comunidad autónoma
aparecía ya con esa desventaja en etapas precedentes. Lo
que se constata es el carácter endémico del retardo
relativo, ya que los diferenciales no expresan síntomas de
convergencia.
La convergencia de Andalucía con el resto de España
requiere la concatenación de un cúmulo de esfuerzos
que difícilmente podrá afrontar la comunidad autónoma
en solitario. Andalucía parte de un déficit estructural
que alcanza al conjunto de sus actividades y trasciende al plano
de la economía, de la cultura, de la interlocución
política. Un déficit con el que se puede definir el
hecho diferencial andaluz a lo largo de las transiciones política
y económica de España. Por encima de otras peculiaridades,
el retraso histórico es el elemento distintivo de mayor significación.
A pesar del despegue económico de España y del proceso
de convergencia con Europa, las bases económicas y estructurales
más sólidas de Andalucía –la primera comunidad
de España por el número de habitantes- se siguen sustentando
en los cultivos convencionales de la agricultura y del ocio turístico.
Esta realidad, muy difícil de admitir por los gestores políticos,
es, sin embargo, una base de partida en cualquier proyecto político
de convergencia, de modernización sostenible.
Cuando se advierte que la distancia que separa a España de
la media europea es cada vez más corta y que las comunidades
autónomas mejor dotadas superan el referente de la UE, destaca
aún más la postergación de Andalucía.
Cuando España, a comienzos de 2001, se encontraba 13,4 puntos
de la media comunitaria, el diferencial andaluz era de 36. Si a
España se le restase Andalucía, la diferencia con
Europa se acortaría hasta sólo 8,3 puntos 5.
Con ligeros matices, la mayoría de las evaluaciones vienen
a coincidir en la larga distancia que separa a la comunidad autónoma
de sus entornos español y europeo.
Ante esta situación, centrar en el Gobierno autonómico
la responsabilidad absoluta del fracaso de la convergencia es injusto.
Si se admite como hecho diferencial el retardo y el carácter
endémico de éste, hay que replantear la cuestión
en otros términos y, tal vez, llegar a definir el problema
como una cuestión de Estado. La convergencia, así
vista, aparece como un objetivo solidario, reparador de ‘descuidos’
históricos de los gobiernos centrales, pero también
como una necesidad de la propia convergencia europea de España.
La
Andalucía parte de un déficit estructural que
alcanza a la economía, la cultura, la interlocución
política. Un déficit que define el hecho diferencial
andaluz a lo largo de las transiciones política y económica
de España. |
A los problemas de desarrollo económica se
une otro: la escasa interlocución de la comunidad autónoma
en el conjunto del Estado. La población andaluza, esto es,
el agregado territorial más numeroso de la democracia española,
con 7,5 millones de habitantes, dista mucho de ser la primera en
las relaciones de poder centro-periferia, y su voz se compadece
más con su cuota económica.
La interlocución comprende el conjunto de instrumentos que
describen la autoridad, la posición y el peso específico
de la comunidad en la escena nacional. Andalucía desarrolla,
o puede que sea el resto de España quien la imponga, una
modalidad alternativa de interlocución –una interlocución
especializada-, basada en la explotación de tópicos
de bajo perfil, muy del gusto de las caricaturas televisivas, que
anclan a Andalucía y sus ciudadanos en formas de vida rurales,
holganza risueña, desenfado festivo y ocio pretecnológico.
Sorprende ver cómo, en ocasiones, los retardos económicos
y culturales no se encaran con el riesgo de los retos de innovación
social y cultural. Cómo la ‘inversión’ en democracia,
que no depende tanto de las políticas económicas como
de la voluntad política de progreso, es extremadamente cautelosa,
en cualquier caso ajena a las pautas de dinamización social
en las que cabe suponer se centrará el proyecto de la Segunda
Modernización. Los procesos de dinamización social,
que implican participación y debate, son siempre necesarios
para crear estímulos de confianza en el futuro, esto es,
expectativas, muy necesarias en los territorios que carecen de una
memoria dilatada de progreso 6.
Comunicación y modernización aparecen, en el plano
de los conceptos de los idearios del cambio, como elementos indisociables
7. En las naciones
en vías de desarrollo o en procesos de democratización,
especialmente en América Latina, han surgido diversas corrientes
teóricas que vinculan la comunicación al desarrollo
y a la democratización, promoviendo para ello la definición
de políticas tendentes al cambio de mentalidad, a la socialización
de la cultura del progreso. Comunicación para la modernización
aparece aquí como una proyección, prolongación
y fase ulterior de estas teorizaciones y propuestas políticas
para los medios públicos 8.
Hoy, bajo la sombrilla de la globalización, aparece una modernización
estándar, basada en las pautas del mercado, que define costumbres,
hábitos y modas a través de los valores que difunden
los contenidos de las industrias culturales y mediáticas.
En Andalucía, por ejemplo, los jóvenes adquieren ya
más valores de identidad y referencia del escenario ‘moderno’
global –música, cine, usos tecnológicos, mitos, etc.-
que del local, cuyo cariz, en muchos casos, es ‘arcaizante’ y ‘rural’,
con lo que pierden buena parte de su eficacia y valor complementario
9. Por ello, todo
parece indicar que el proceso de transformación de Andalucía
requeriría de una oxigenación del imaginario colectivo
local, con valores retóricos y de representación más
ajustados al concepto urbano de la sociología de la modernización.
La construcción del futuro, la modernización y la
defensa de la cultura propia como elemento de la diversidad pasan
por la aplicación de estrategias para el cambio de mentalidad
y redefinición de la ideología identitaria, que no
de la identidad, haciéndolas compatibles y complementarias
con los códigos y lenguajes propios que subyacen bajo los
‘mitos programáticos’ de la modernización. Ningún
proceso de cambio de mentalidad contemporáneo se ha hecho
al margen de los medios 10,
bien a través de la propaganda, más propia de regímenes
autoritarios o paternalistas, o de los mecanismos de difusión
del progreso a través de los medios, la emulación
y la creación de expectativas, ampliamente experimentados
en Estados Unidos por las corrientes conductistas 11.
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4 Especial
interés revisten los análisis, no siempre homogéneos,
ni trazados por una metodología de conjunto, del Foro Andalucía
en el Nuevo Siglo. “El diagnóstico que contiene confirma la
idea de que Andalucía cuenta hoy con potencial y con recursos
para afrontar y superar con garantías suficientes los retos
del siglo XXI”, señaló el presidente Chaves en la presentación
de los trabajos (Reflexiones y propuestas, Junta de Andalucía,
Sevilla, 1999, pág. 4).
5 Según estudio de la Fundación de las
Cajas de Ahorro Confederadas (Funcas), 2001.
"...mientras que en 1981 el PIB por habitante andaluz era del
76,9 por ciento de la media española, en 2000 sólo suponía
el 73,5 y, auqnue su posición mejoró respecto de la
media europea entre 1988 y 1998, lo hizo en menor intensidad que las
regiones objetivo 1 [de la UE], y muy alejada de regiones cercanas
(3 puntos de Andalucía frente a 20 del Algarve, 28 del Alentejo
o 7 de Castilla-La Mancha)" (Ferraro, Francisco J., "Es
la economía", Ideal, Granada, 28.02.2002).
6 Coincidiendo con el proyecto de la Segunda Modernización,
la Junta promovió una campaña de propaganda institucional
–es correcto decir propaganda y no publicidad- bajo el lema de “Andalucía
imparable”, cuyo planteamiento y puesta en escena contradicen el espíritu
de la modernización, en la medida que sacralizan el tiempo
presente por lo conseguido en el pasado. Vistas así las cosas,
desde la autocomplacencia atrevida del discurso, es difícil
invitar a un proceso colectivo de transición o de convergencia
con otras comunidades españolas cuya renta casi dobla la de
Andalucía.
7 “Nadie nace moderno, luego la necesidad de aprender
valores, actitudes, percepciones y comportamientos nuevos es para
muchos teóricos una premisa. Partidarios de la teoría
del ‘aprendizaje social’ de Albert Bandura, creen que la observación,
la retención, la imitación y el refuerzo del comportamiento
a través de los medios de comunicación, contribuyen
a explicar conductas con el espíritu de renovación o
modernización” (Leonardo Ferreira, “Los medios masivos en la
democracia”, ponencia en el Foro Internacional Democracia en el Siglo
XXI. Santo Domingo, noviembre, 2000).
8 En un proceso de amplia desregulación es
poco viable imponer a los medios privados pautas de conducta definibles
en términos de políticas informativas. Sin embargo,
es el propio fenómeno de la desregulación del audiovisual
el que está impulsando la búsqueda de nuevos objetivos
de políticas públicas a través de los medios
públicos, mediante el acercamiento de éstos a las necesidades
y demandas cívicas o a la creación de estímulos
que alimenten la condición cívica del usuario de los
medios.
9 “En las nuevas generaciones, las identidades se
organizan menos en torno a símbolos histórico-territoriales,
los de la memoria de la patria, que alrededor de los de Hollywood,
Televisa o Benetton” (García Canclini, Néstor, Consumidores
y ciudadanos. Conflictos culturales de la globalización,
Grijalbo, México, 1995, pág. 33.
10 Es reciente el caso de la revolución ‘mediática’
chiapaneca. El subcomandante Marcos ha basado su acción reivindicativa
más en las estrategias de comunicación –incluida la
primera marcha virtual de los zapatistas a través de internet-
que en escaramuzas de naturaleza armada.
11 En distintos estudios culturales se ha atribuido
a Hollywood un claro valor de estímulo de la modernidad, al
menos a partir del patrón metropolitano de los Estados Unidos.
El cine, especialmente gracias a su consumo masivo a través
de la televisión, ha sido el primer agente globalizador de
costumbres y difusor de la marca norteamericana de modernidad, el
american way of life. |
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