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Recogiendo la descripción hecha en el primer estudio sobre
los medios en Andalucía 53, en el que se definen los modelos
autonómicos de medios y se compara la realidad catalana y
la andaluza, puede afirmarse que esta última dista sobremanera
de la primera, por la debilidad del sistema de medios, la escasa
capacidad de cohesión discursiva, los desequilibrios y carencias
en los consumos, la fuerte presencia de medios externos o antenas
que reproducen mensajes escasamente diferenciados y especializados
en el territorio de Andalucía. Por el contrario, como así
lo ponen de manifiesto las agendas de los medios, se acentúan
los localismos, las visiones de Andalucía a través
de los intereses provinciales y comarcales, hasta producir la aberración
óptica que descubre, como uno de los denominadores comunes
de lo andaluz, la permanencia de valores tópicos arcaicos
y la vigencia de imaginarios escasamente innovadores.
Cuando se analizan con detalle los contenidos de los medios andaluces
se obtiene una radiografía del discurso que contrasta vivamente
con la de otros espacios culturales. Una primera deducción
se refiere a la escasa aplicación periodística en
la función de cohesión territorial, sin duda como
consecuencia de la atomización localista en la que se proyectan
los medios. Una segunda, especialmente llamativa, descubre la pequeñez
del espacio público de debate, generalmente encerrado en
planos municipales, comarcales o, a lo sumo, provinciales, con escasas
incursiones autonómicas, muy centradas en el espectáculo
político institucional, y prácticamente ajeno a la
dialéctica de los grandes temas nacionales e internacionales.
El
mercado potencial de lo andaluz, como expresión unitaria,
se atomiza en visiones locales, en medios muy provincializados,
circunscritos a la geografía que dominan, en ocasiones,
verdaderos mercados cautivos. |
El primer aspecto –la función de cohesión territorial–
aparece muy condicionado por la división del sistema de medios
en minifundios espaciales, generalmente coincidentes con la geografía
provincial o el área de influencia de los mayores núcleos
urbanos. No prevalece, salvo en ocasiones que marcan la excepción,
un sello andaluz compartido como argumento común de la actualidad.
Lo andaluz parece más un sustrato cultural escasamente regenerado,
no sujeto a cuestionamiento o debate y, consiguientemente, ajeno
a la construcción diaria que hacen los medios. Lo andaluz
es más un referente enunciativo y un valor retórico
que una práctica sostenida y habitual del núcleo discursivo.
La ausencia en Andalucía de medios regionales de referencia
limita las posibilidades de construcción de un imaginario
más homogéneo, perceptible por los distintos segmentos
de población como valor central de la realidad próxima
y como reflejo de las expectativas del territorio. El espacio potencial
de lo andaluz, como expresión unitaria, se atomiza en visiones
locales, en medios muy provincializados, circunscritos a la geografía
que dominan, en ocasiones, dentro de verdaderos mercados cautivos.
La corta profundidad de campo de la óptica mediática,
la magnificación escasamente crítica de la actividad
de los gobiernos municipales y provinciales, así como del
resto de las instituciones próximas, son el primer valor
de la agenda. En Andalucía se dan ejemplos muy claros del
que podría denominarse 'periodismo institucional', esto es,
de una muy baja confrontación crítica con los resortes
administrativos del poder, de modo que un mismo medio puede acompañar
con la misma intensidad institucional una política conservadora
de un organismo –un ayuntamiento, por ejemplo- y otra de cariz ideológico
opuesto en el mismo espacio –diputación, gobierno autónomo...-.
Este tipo de periodismo pasivo suele, generalmente, estar muy contaminado
por la acción de fuentes-protagonistas, que activan, mediante
mecanismos de producción de imagen, su presencia regular
y continuada en los medios. Las instituciones locales pugnan, a
través de estrategias de proyección pública,
por convertir su agenda y sus personajes en el referente dominante
de la actualidad. La modalidad del periodismo de remitidos, notas
de prensa, seguimiento de actos y actores de la vida local, reduce
el espacio del debate público a valores domésticos
inducidos, que no siempre se compadecen con la tensión de
la calle o con la información crítica que corre por
la cercanía de las redacciones, pero que no alcanza la expresión
pública.
La acentuación del plano institucional más próximo
desvía la crítica, incluso como recurso retórico
de credibilidad del medio, hacia lo externo, que en muchas provincias
andaluzas se traduce en la capitalidad de la autonomía, Sevilla,
o en el gobierno 'supralocal' de la Junta, con argumentaciones dialécticas
que llegan a reproducir, salvando las distancias, los esquemas más
simples de la rivalidad deportiva. La visión localista está
en la base de la crisis de un proyecto andaluz más amplio
y actúa como freno ideológico para la construcción
de un pensamiento regenerado y sostenible, que es propio de una
sociedad con cultura de futuro 54. |