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La Ley 41/95, por la que se regulan las emisiones de televisión
por ondas terrestres, no ha alcanzado su vigencia efectiva por el
sucesivo aplazamiento en la redacción de un plan técnico
de asignación de frecuencias. Esta situación coloca
en términos de alegalidad o debilidad legal muchas de las
iniciativas y desarrollos que se conocen en las distintas comunidades
autónomas. Andalucía ha sido, desde hace años,
la que mayor número de iniciativas ha conocido y donde, seguramente,
se da uno de los más bajos perfiles de compromiso de la televisión
local con la cultura cívica. Con más de 200 emisoras
operativas, no llegan a un 15 por ciento las que tienen carácter
público, y, entre estas últimas, aún son menos
las que programan en términos de servicio público
109. Los modelos
desplegados por los Ayuntamientos no responden a un concepto inequívoco
del medio y, en ocasiones, son extensiones de la política
municipal o de la imagen de los ediles, cuando no peculiares concesiones
a operadores locales ajenos a los proyectos sociales del lugar.
Otra valoración por hacer es la de las programaciones, la
calidad de éstas, la estética de sus contenidos, su
carácter de servicio, etc.
Frente
a la anarquçia de los minifundios locales de televisión,
la irrupción de los grandes grupos en el sector, además
de mejorar la calidad del medio, ofrece a las Administraciones
un nivel de interlocución política más
adecuado y eficaz. |
Una realidad que contrasta, por ejemplo, con la de Cataluña,
donde una más clara ordenación del sistema de medios
ha situado al sector, a pesar de la debilidad legal que lo define,
en una posición menos ambigua 110.
No obstante, existen algunos ejemplos de televisión local
pública con criterio de servicio, esto es, partidarios de
regeneración de la radio local, y también se han conocido
otras voces que se han sumado, al menos en las declaraciones, a
estos criterios ante la penetración de los grandes grupos
en el sector. La asociación Aprotels, que integra a las televisiones
locales de la provincia de Sevilla, señala como criterios
corporativos, la defensa “de la información local, como pieza
clave e indiscutible de la idiosincrasia de los pueblos, del derecho
de los ciudadanos a recibir información, a participar de
los beneficios comunicativos que ofrecen estos medios de comunicación,
y a consolidar los ‘pequeños medios’ como valedores de las
‘pequeñas realidades’ en este gran mundo de la era de la
globalización”.
Aunque la Administración andaluza ha regulado por decreto
(414/00) el régimen jurídico de la televisión
local y, con posterioridad, a comienzos de 2001, convocó
un concurso previo a la fase de adjudicación de frecuencias,
la difícil racionalización del sector depende de la
aprobación de un plan técnico de ámbito nacional.
Sin embargo, nada parece indicar que se habilite el desarrollo de
la televisión local bajo los estándares de la tecnología
analógica, en vías de extinción, y que su espacio
natural estará definido en la esfera de lo digital. Sin embargo,
este cambio de matriz tecnológica, que supone una mayor capacidad
de acogida de señales emisoras, favorecerá la implantación
de los grandes grupos o el control de las señales por éstos.
Hay dudas acerca de la capacidad tecnológica de estas emisoras
para asumir la reconversión a los estándares digitales
y, en opinión de los expertos, el nuevo horizonte estará
descrito por las ‘cadenas’ de los grandes grupos y las señales
locales portadas por plataformas digitales terrestres, operadoras
de cable, etc. 111.
No obstante, Andalucía, que tienen una dilatada tradición
en el audiovisual de proximidad, iniciado bajo la cultura del los
‘vídeos comunitarios’, aparece, a los ojos de los expertos,
como uno de los territorios españoles más abierto
al medio, por el alto consumo audiovisual de la comunidad, la distribución
y talla demográfica de sus núcleos de población,
el carácter localista de las culturas urbanas y la preponderancia
de lo local en la definición de otros espacios mediáticos
de referencia (prensa y radio).
La convocatoria de la Junta suscitó una avalancha de solicitudes
sorprendente, que más que expresar el dinamismo del sector,
podrían haber reflejado movimientos políticos y económicos
especulativos. 4.252 solicitantes, uno por cada 1.740 habitantes,
una densidad que supera el número de farmacias, kioscos de
prensa, etc. De ellas, 2.065 correspondían a entidades con
ánimo de lucro; 114 a entidades sin ánimo de lucro;
1.858 a iniciativas de personas físicas, y 215 a los ayuntamientos.
Finalmente, fueron admitidas a trámite 4.048, distribuidas
de acuerdo con los siguientes valores provinciales: Málaga,
892; Sevilla, 626; Granada, 512; Cádiz, 499; Almería,
494; Huelva, 384; Jaén, 366, y Córdoba, 275. Las más
de cuatro mil solicitudes fueron cursadas por sólo 570 peticionarios,
lo que advierte sobre el alto grado de demanda de emisoras, especialmente
entre personas físicas y sociedades con ánimo de lucro,
con una media de 11 emisoras por solicitante.
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