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Una manifestación más de las malformaciones derivadas
de la ausencia de políticas públicas, estatales o
autonómicas, está en el desorden que se advierte en
el escenario de las emisoras locales de radio y televisión.
En el caso de las televisiones, la debilidad del marco jurídico
ha fomentado la creación de una realidad en la que no prima
ningún tipo de criterio para la ocupación de un espacio
de emisión o distribución de señales, donde
la antigüedad en la alegalidad parece crear las fortalezas
de la legalidad.
El desorden local se refleja en la superposición de modelos
de emisión y programación muy diversos, que generalmente
viven al margen de toda normativa y ni siquiera atienden los requerimientos
mínimos que nacen del marco jurídico europeo. La máxima
aberración de este escenario minifundista se da en la ocupación
del espectro radioeléctrico por parte de emisores que circunscriben
su actividad dominante al comercio de la brujería, el curanderismo,
la tele-prostitución, etc., de modo que muchas de estas emisoras
se convierten en escaparates de oscuros negocios e intereses, que
frecuentemente forman redes entre sí.
Estas emisoras, que por regla general cuentan con una infraestructura
mínima, se alejan de los criterios de profesionalidad del
medio, alterando los valores deontológicos y laborales de
profesiones como la periodística y afectan, hasta negarla,
a la filosofía de la comunicación como servicio al
desarrollo de la comunidad, tal como se han definido la mayoría
de las políticas sobre medios locales en otras naciones europeas
y de América Latina.
El fenómeno de los medios locales tiene una especial incidencia
en Andalucía, donde se contabilizaban ya, en 1999, 180 emisoras
de radio y 229 de televisión 101,
y se ha dibujado un mapa en el que se combinan la permisividad administrativa
y la ausencia de modelos y políticas de comunicación.
En cualquier caso, en una comunidad definida por el predominio de
los localismos, el sorprendente desarrollo de estos medios gravita
en torno a la comunicación de proximidad, aunque sin los
criterios de profesionalidad que caracteriza a otros medios locales
–prensa o radio- dependientes de grandes grupos de comunicación
102.
Una
manifestación de las malformaciones mediáticas,
derivadas de la ausencia de políticas públicas,
estatales y autonómicas, es el
desorden que se advierte en el escenario de las emisoras
de radio y televisón locales. |
En el campo de la radio, al margen de las emisoras
de Canal Sur, el espectro dominante lo configuran las cadenas centrales
–tres privadas y una pública cuya programación convencional
se basa en la señal nacional de la cadena, con desconexiones
regionales, provinciales o locales en las que se van subordinando
los valores de agenda. Estas cadenas se pueden describir en su conjunto
como extensiones centrales o postes repetidores con desconexiones
muy limitadas. El espacio constructivo reservado para la comunidad
autónoma se reduce a escenarios de la realidad que parten
de la esfera regional para descender a los espacios provinciales
o locales en los que se ubican las emisoras.
El centro de las delegaciones territoriales de las cadenas Ser,
Cope y Onda Cero se encuentra en Sevilla, mientras que en las cabeceras
de las provincias y en otros núcleos urbanos aparecen pequeños
complementos de producción y gestión con escasa capacidad
periodística propia, por lo que sus informativos se reducen,
generalmente, a variaciones sobre la partitura del periódico
de la localidad o de la provincia en cuestión. Debido al
segmento de agenda que tienen asignado, las desconexiones se convierten,
lógicamente, en un altavoz que, de manera preferente, amplifica
la actividad del circuito institucional, al margen, eso sí,
de hacer una muy dilatada aplicación en el campo de la información
deportiva.
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