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Los cambios en la dirección de la RTVA, durante la segunda
mitad de 1996, significaron el comienzo de una etapa de gestión
excepcional, en la que se superaron las sombras de los primeros
tiempos del ente público, que sin duda se irán iluminando
en los próximos años cuando se haga una historia crítica
del medio, y la gestión más atenuada y próxima
a criterios de servicio público de Manuel Melero y Joaquín
Marín, los gestores que precedieron en el cargo a Eduardo
Abellán, director general entre 1997 y 2000.
Abellán promueve un Plan Estratégico que traza con
su propia visión de la televisión pública,
muy influenciada por la seducción tecnológica y el
nacimiento de la llamada ‘nueva economía’, que aquél
tratará de trasladar, con gran sinceridad y valentía,
al plano de lo público, de los ‘negocios’ públicos
89. Es más,
en el mismo Plan, debido a Ernst & Young (abril 1997), se plantea
toda una estrategia expansiva, así como una orientación
del escenario significativo de emsión, el 'prime time', a
"atender principalmente los objetivos de audiencia" 90.
Los primeros pasos de Abellán, con un amplio historial de
gestor de empresas públicas durante la Administración
socialista –Hunosa, Iberia, etc.-, corren paralelos a los de Cándido
Velázquez, a quien la Junta de Andalucía había
ofrecido, previamente a la incorporación de Abellán,
la dirección general de la RTVA. Velázquez, antes
presidente de Telefónica y, ya en el primer Gobierno Aznar,
consejero de Villalonga, nuevo gestor de la compañía,
asume la primera presidencia de Sandetel, empresa pública
de telecomunicaciones de Andalucía, que pronto pasará
a formar parte del gran proyecto de Abellán, promotor de
una tercera expansión tecnológico-comunicativa a través
de la sociedad mixta Andalucía Digital Multimedia 91.
La
doctrina comunitaria obliga a un cambio del modelo de televisión,
en virtud del cual el dinero público deberá
ser aplicado a programas de servicio público y no al
sostenimiento de emisiones de carácter comercial. |
Los efectos de esta etapa, sin embargo, no sólo
no corrigen las desviaciones de la televisión autonómica
de sus objetivos de servicio público, sino que llegan a hacer
irreconocible el carácter fundacional de la RTVA, ya que
el nuevo discurso va a mimetizar, con mayor pobreza estética
y de contenidos, los rasgos de la televisión privada. Se
asiste a un período dominado por la acentuación de
los valores mercantiles, con una incierta sensibilidad política
o, incluso, escasa coherencia con los valores ideológicos
del Ejecutivo andaluz 92.
Los efectos de este período de gestión pueden resumirse
en los siguientes aspectos:
1. Incremento de la audiencia.- El cambio de programación,
con la inclusión de programas como Tómbola, Noche
tras noche, De tarde en tarde, Aquí se discute, etc., en
las horas de máxima audiencia, supuso un aumento de espectadores
que se reflejó en los resultados de 1997, con un crecimiento
de 3,4 puntos. El share de Canal Sur pasó del 16,3 al 19,7
por ciento, un registro que prácticamente se mantuvo en 1998
(19,5), pero que cayó en 1999 y 2000, sin duda como consecuencia
del desdoblamiento de la cadena a través del Canal 2 Andalucía
93.
2. Incremento de la inversión publicitaria.- En parte
como consecuencia de una programación más comercial,
pero también reflejo de la fuerte subida de la inversión
publicitaria en España, los ingresos comerciales experimentaron
un crecimiento significativo. Los 4.050 millones de pesetas facturados
en 1996 pasaron, en 2000, a 8.662 millones 94,
con un incremento del 113,9 por ciento, el más elevado de
las televisiones autonómicas. La segunda en crecimiento,
en ese mismo período, Telemadrid, sólo aumentó
sus ingresos en un 88,2 por ciento. Sin embargo, en términos
relativos de ingreso publicitario por audiencia, las cifras de la
RTVA siguen siendo inferiores a las de otros entes públicos.
En 2000, la cadena andaluza ingresó 1.143 pesetas por espectador
potencial (habitantes de la comunidad autónoma) y año,
frente a las 2.556 pesetas, por ejemplo, de la catalana CCRTV.
3. Incremento de los gastos de explotación y de las subvenciones.-
El aumento de la audiencia y de los ingresos publicitarios no se
tradujo en una reducción del gasto público, de las
subvenciones de la Junta de Andalucía. Por el contrario,
los gastos de explotación y los presupuestos consolidados
del ente fueron los que más crecieron en el conjunto de las
televisiones autonómicas, pasando de 19.208 millones de pesetas
en 1996 a 28.394 millones en 2000, ejercicio que se cerró
con un déficit de 2.718 millones de pesetas 95.
El crecimiento real se sitúa en torno al 60 por ciento para
el período de cuatro años, marcado, en el conjunto
de las radiotelevisiones autonómicas, por una estricta contención
presupuestaria, salvo en el caso de la valenciana RTVV, que supera
ampliamente a la andaluza. Las subvenciones de la RTVA crecen en
estos años un 45,2 por ciento (más de un 50 por ciento
si se incluye el déficit), a un ritmo medio superior al 10
por ciento anual. A pesar de la subida de los ingresos publicitarios,
la contribución del dinero público sube también.
La televisión se ha diversificado y se hecho más cara.
4. Cambio en el perfil de la audiencia de Canal Sur.- El
crecimiento de la audiencia de la RTVA, en términos cuantitativos,
ha significado también una transformación de los valores
sociométricos que definen el público. Los espectadores
de Canal Sur se han envejecido y empobrecido notablemente entre
1996 y 2000. El cambio en los contenidos, que sirvió para
aumentar el número de espectadores, alejó de la cadena
a los públicos más jóvenes y a aquellos con
mayor poder adquisitivo, circunstancia que contribuyó a limitar
el atractivo de la inversión publicitaria, que se reflejó
ya en el bajo crecimiento de 2000, cuando el conjunto de la televisión
registró un aumento del 9,8 por ciento 96.
El cambio de perfil de la audiencia es especialmente llamativo.
En cuanto a los tramos de edad, durante los cuatro años analizados
únicamente crece el de 45 y más años, que,
a pesar de representar sólo el 34,8 por ciento de la población
andaluza, para Canal Sur significa el 57,9 por ciento de su audiencia,
con una ganancia de casi diez puntos porcentuales en cuatro años.
Los jóvenes han salido de la cadena, de modo que en el tramo
16-29 años, que comprende los tiempos de acceso a la Universidad,
primer empleo, derecho a voto, etc., y que representa al 25,6 por
ciento de los andaluces, para Canal Sur sólo significa el
14,1 por ciento de su audiencia. Esta clara inclinación en
términos de edad, que no se repite con esa intensidad en
ninguna otra cadena vista en Andalucía, se aprecia también
en los perfiles socioeconómicos. Entre 1996 y 2000, Canal
Sur ha acentuado su vocación de clase baja-media baja, que
en el último de los ejercicios compuso ya el 56,1 por ciento
de su público.
5. Los niños, a Canal 2 Andalucía.- La segunda
cadena de la RTVA nació como consecuencia de la pérdida
de audiencia joven y urbana en Canal Sur y, a la vez, como una válvula
de escape para templar las demandas de una televisión de
servicio público. Con un presupuesto muy bajo, Canal 2 Andalucía
consiguió, en poco más de un año, el 3,5 por
ciento de la audiencia, esto es, una quinta parte de la de Canal
Sur. El éxito de esta nueva cadena, bastante homogénea
en cuanto al perfil sociográfico de sus espectadores, radica
en dos tramos de edad bien definidos: el de los niños 97,
que integran una tercera parte de su clientela (32,4 por ciento),
cuando su referente de población en Andalucía es del
17,2 por ciento; y el de los ‘padres jóvenes’, entre 30 y
44 años, que, representando el 22,4 por ciento de los andaluces,
suponen el 23,6 por ciento para Canal 2 Andalucía.
Los mayores de 45 años, a pesar de significar para la cadena
el 28,7 por ciento, aparecen por debajo de su referente de población
(34,8). Los jóvenes (16 a 29 años), público
objetivo en el diseño de la cadena, sólo representa
un 15,3 por ciento del público de Canal 2 Andalucía,
a más de diez puntos por debajo del referente de población
de este tramo de edad.
6. Acentuación de la distancia del modelo de televisión
pública.- La doctrina comunitaria sobre el audiovisual
sitúa a las televisiones públicas en la tradición
de la cultura democrática europea, definiéndolas como
un espacio de servicio público no determinado necesariamente
por las imposiciones mercantiles. En este sentido, promueve el cumplimiento
de las reglas de la competencia, limitando la doble financiación
de aquellas emisiones que no tengan el carácter de servicio
público. Esto es, un programa de servicio público
podrá ser financiado por el dinero público y la publicidad,
pero un programa comercial sólo podrá sostenerse con
los ingresos publicitarios. Estos requerimientos, que la Comisión
exige los países miembros de la UE, mediante la apertura
de una doble contabilidad, en función de la naturaleza de
servicio o no de las emisiones, quedaron, a la vista de los resultados,
fuera de las preocupaciones de gestión entre los años
1997 y 2000. Los programas de ‘prime time’ fueron, por regla general,
producciones de carácter comercial, mientras que los de servicio
público, cuya programación parece, en ocasiones, destinada
a alimentar artificialmente las estadísticas sobre porcentajes
de emisión, fueron emitidos en horarios de bajo consumo,
que es tanto como dar servicio público cuando no hay público...
98
7. Aumento de la saturación publicitaria.- El incremento
de la inversión ha supuesto, lógicamente, un crecimiento
de la saturación publicitaria, esto es, de las interrupciones
de las emisiones regulares con reclamos comerciales. Sin embargo,
la mayor parte de los cortes se deben a la emisión gratuita
de anuncios y a la autopromoción de la cadena. Así,
si en 1996 la saturación era del 9,6 por ciento, en 2000
alcanzó el 13,6, con un incremento del 41,7 por ciento 99.
Sin embargo, en términos de rendimiento económico,
los ingresos por punto de ‘rating’ de audiencia de la RTVA fue,
en 2000, el más bajo de España (véase cuadro
14). Canal Sur ingresó 2.166 millones de pesetas por punto
de ‘rating’, muy lejos, en el plano de las autonómicas, de
la catalana TV3 (4.760 millones), de la madrileña TVM (4.557)
y de la gallega TVG (3.710), y por debajo de las restantes: ETB
(2.607) y Canal Nou (2.497).
8. La paradójica ‘subvención’ de la publicidad.-
En términos de desviación de la doctrina europea sobre
financiación de los canales públicos y defensa de
la competencia, cabe destacar el incremento del espacio público
en Canal Sur para emisiones publicitarias gratuitas. Si bien la
‘atención’ con el anunciante mediante pases gratuitos de
sus spots se trata de una práctica generalizada en las televisiones
españolas, en el caso de la RTVA se han alcanzado los valores
más llamativos del conjunto de las cadenas públicas
y privadas de España. En 2000, Canal Sur sólo ingresó
el 15,7 por ciento del coste (v. cuadro 14), a precio de tarifa,
de la publicidad emitida, el menor porcentaje del conjunto de las
televisiones públicas y privadas. Aquí se ven indicios
de competencia desigual con las cadenas privadas, cuyas prácticas
comerciales reducen notablemente el regalo de espacio emisor (Tele
5 ingresó el 58,8 por ciento de la publicidad emitida y Antena
3 el 43,9 por ciento).
9. Incremento de la plantilla y crecimiento de la 'producción
propia financiada’.- Otros de los aspectos significativos del
período 1996-2000 es el fuerte incremento de la plantilla,
con una repercusión en los gastos de personal que supera
los 2.000 millones de pesetas, hasta alcanzar los 9.294 millones,
un 29,1 por ciento del presupuesto de explotación, el segundo
más alto de las cadenas autonómicas, después
de la catalana. Este incremento no se traduce necesariamente en
un aumento de la producción propia, sino que, al tiempo que
aumenta el número de trabajadores, se aprecia una fuerte
subida de las compras fuera de la cadena, entre las que se incluye
la partida que eufemísticamente se denomina ‘producción
propia financiada’, esto es, aquellas series que se encargan y adquieren
a productoras privadas. En 2000, la RTVA superó a la catalana
CCRTV en el apartado de compra en más de 2.000 millones de
pesetas y llegó a los 12.316 millones, de los que más
de una tercera parte fue aplicada a la compra de derechos de emisión
de la liga de fútbol.
La RTVA sigue siendo, no obstante, el ente autonómico más
‘económico’ en términos relativos a la población.
La televisión andaluza, que irradia sobre una población
de 7,3 millones de habitantes, costaba, en 2000, 4.054 pesetas por
habitante y año, la mitad o menos de la mitad de lo que representa
para un ciudadano vasco la IETB (8.701 pesetas por habitante y año),
para un valenciano la RTVV (8.137) o para un catalán la CCRTV
(8.049).
Durante el período analizado, Canal Sur ha mejorado sus formatos
informativos, a pesar de mantener un elevado sesgo gubernamental
y un excesivo valor de agenda de los deportes (fútbol) y
la crónica rosa. Estos programas, no obstante, quedan por
debajo, en términos de audiencia, de la penetración
que alcanzan en otras cadenas autonómicas. Así, el
noticiario del mediodía, el más visto, llegó
en 2000, por término medio, al 5,2 por ciento de la audiencia
(363.464 espectadores mayores de 4 años), lejos del 9 por
ciento que alcanza el informativo de TV3 en esta franja horaria.
También cabe reseñar, entre las mejoras del período,
el desdoblamiento de las emisiones en desconexiones provinciales,
así como la ampliación de los espacios de actualidad
regional a través de la fórmula iniciada en 1998 Andalucía
directo, producida por Andalucía Digital Multimedia. Asimismo,
en estos años se crean dos canales temáticos, Fiesta
y Turismo, primeros exponentes de la que pretende ser nueva oferta
de la televisión digital andaluza, coproducidos por Andalucía
Digital Multimedia y la sociedad filial de la RTVA Andalucía
Televisión Producciones, creada a tal efecto.
El período 1996-2000 descubre un cambio profundo en la estrategia
de la RTVA, que no se corresponde, sin embargo, con el desarrollo
de soluciones de servicio público, ni con la creación
de un medio de referencia capaz de atender las necesidades de los
nuevos andaluces o, simplemente, acompañar, en términos
de articulación política, el proyecto inacabado de
Andalucía.
En 1999, se planteó la creación de un Consejo del
Audiovisual de Andalucía, desde dos ópticas distintas.
Una, desde la perspectiva de la doctrina europea del audiovisual,
que promueve, tras la desregulación del sector, la creación
de instituciones garantistas que impidan que el desarrollo del audiovisual,
por su alto grado de influencia social, altere las relaciones democráticas
en el Estado de derecho y preserve el marco de las libertades públicas.
Y otra, obligada por la primera, que desde una posición patrimonialista
del audiovisual, amaga impulsar el Consejo para preservar el carácter
gubernamental de la televisión pública y, en consecuencia,
impedir que la sociedad civil, a través de una institución
independiente, ejerza el control democrático con imparcialidad
y neutralidad.
El sucesivo aplazamiento en la creación del Consejo del Audiovisual,
figura inexistente en España, con excepción de Cataluña
100, va a provocar
que, cuando se establezca, nazca con un retraso peligroso, ya que
el espacio de su actuación se habrá blindado con ciertas
malformaciones irreversibles, y la ‘cuestión de la comunicación’,
en un período de convergencia tecnológica, concentración
empresarial multimedia y nacimiento de corporaciones globales, superará
el espacio específico de la televisión y alcanzará
al conjunto de los medios.
En Andalucía, donde se pueden identificar carencias culturales
y de formación de opinión pública debidas a
lastres históricos y al perfil del sistema de medios, la
política de los hechos no parece que pueda limitarse a la
creación de sucedáneos de instituciones que, en su
esencia, son expresiones de cultura democrática y van a permitir
el desarrollo de la sociedad civil. En este caso, como en otros
referidos al tácito control antidemocrático de los
medios, es difícil entender la vaguedad con la que se ha
actuado desde posiciones políticas que, en sus programas
electorales, parecen identificar, sin embargo, la realidad de los
problemas.
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