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¿Existe un sistema de medios andaluz con entidad propia y
en qué medida ha contribuido a la transformación del
territorio? La preocupación que subyace en la pregunta constituyó
el objeto de la reflexión en la introducción a la
primera edición de este informe. Se estudiaba hace tres años,
en 1999, un escenario donde la agregación de medios no suponía
necesariamente una definición estructural de sistema, en
términos de identidad, articulación de un imaginario
colectivo coherente con las necesidad de desarrollo del territorio,
etc. Y se concluía señalando que las expresiones mediáticas
no desembocaban en un sistema autóctono, con entidad propia,
sino en una extensión del sistema central, un subsistema
o sistema sucursal, con un limitado margen de autonomía,
una escasa aportación autóctona al espacio público
de debate y, en consecuencia, un bajo perfil de interlocución
en el conjunto del Estado español.
En esta ocasión, se manejan nuevos puntos de vista y argumentos
en la aproximación a los medios de comunicación andaluces,
a las expresiones autóctonas en materia de contenidos, a
las prácticas de consumo e, incluso, a las políticas
informativas, que tienen una traducción natural en valores
culturales y de creación de opinión pública.
Esto es, se busca conocer el grado de evolución de ese sistema
sucursal, su proyección en el desarrollo de la sociedad civil
o en la profundización en la cultura democrática del
territorio.
Las mediciones periódicas sobre los cambios y las tendencias
de la comunicación ponen de manifiesto que España
está lejos de converger con Europa en este campo 50.
Aun cuando se ha asistido a un proceso amplio de desregulación
de los sectores audiovisual y de las telecomunicaciones, son prácticamente
inexistentes los mecanismos legales que aseguran su anclaje democrático,
esto es, su inserción en el sistema de libertades públicas
del país.
Las
expresiones mediáticas de Andalucía no constituyen
un sistema con personalidad propia, sino una extensión
del sistema central, un subsistema dependiente con un limitado
margen de maniobra. |
Así, en el audiovisual, a pesar de las transformaciones
de la última década, únicamente se advierten
como novedades normativas, en materia de contenidos, las inevitables
traslaciones de las directivas europeas a la legislación
española, aunque con una lasitud en su aplicación
que ampara los intereses políticos de la Administración
ante ciertos medios. Pero también en el campo de las telecomunicaciones
y del desarrollo digital, la discrecionalidad de la Administración,
a la hora de decidir concesiones u otorgar licencias, introduce
sesgos inequívocos de políticas de información
y comunicación, que no aparecen definidas de forma expresa,
pero que tienen una traducción directa en la calidad democrática
del país. Incluso, a la luz de la filosofía que ampara
normativas contemporáneas de otras naciones, esa discrecionalidad
se convierte en un instrumento que condiciona la libertad de expresión
y el derecho a la información de los ciudadanos 51.
Los medios de comunicación pueden y deben jugar, en una comunidad
con escasas expresiones de lo que hoy se entiende por sociedad civil,
esto es, con un muy limitado espacio público de debate, un
papel determinante en los procesos de cohesión social, participación
y profundización en los valores democráticos.
Como se señalaba con anterioridad, el sucursalismo del sistema
andaluz de medios reduce su capacidad creativa e innovadora y limita,
en términos de referencia informativa y de opinión,
su percepción de la realidad a aspectos puramente locales.
Así pues, no sólo nos encontramos ante un modelo dependiente,
sino con muy escasa capacidad de exteriorización, factor
que influye en la creación de imagen, influencia cultural
e interlocución política.
Televisiones, radios y prensa diaria son, en la mayoría de
los casos, extensiones personalizadas de matrices mediáticas
externas. La cuestión que aquí se plantea no sólo
radica en el bajo índice de producción propia, sino
en las consecuencias que ello tiene para el desarrollo integral
de Andalucía. La principal desventaja del actual modelo dependiente
radica en que los grandes temas de la actualidad –nacionales, internacionales,
culturales, científicos, tecnológicos, etc.- son abordados
de forma casi absoluta por fuentes y firmas externas a la comunidad
autónoma.
Las expresiones de la ‘modernidad’ –entiéndase el término
con un carácter amplio- están fuera de Andalucía,
fuera del espacio de agenda de las ‘desconexiones locales’ que ofrecen
las ediciones de los diarios y las emisoras de radio y televisión.
Aquí, Andalucía tiene muy poco que decir, esto es,
queda ausente del debate, a pesar de que su población se
aproxima a una quinta parte del conjunto nacional. Las expresiones
andaluzas más cualificadas están sujetas a una selección
mediática externa. La proyección más allá
de la comunidad autónoma viene dada por las presencias individuales
en medios centrales –columnas de opinión, entrevistas, participaciones
en tertulias, etc.-, pero no necesariamente como reflejo de la opinión
de Andalucía y desde Andalucía, esto es, como valor
de interlocución interregional. Podría afirmarse que,
de algún modo, la teoría de la ‘espiral del silencio’
52 es aplicable
al estudio de la interlocución de Andalucía, esto
es, a los valores de modernización que regeneran, desde los
medios, el imaginario autonómico.
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