Primera parte del libro de Bernardo Díaz Nosty, Los medios y la modernización de Andalucía, Eds. Tiempo, Madrid, 2002 (ISBN: 84-930909-6-4).
 
2.1. ¿Existe un verdadero sistema de medios en Andalucía?


¿Existe un sistema de medios andaluz con entidad propia y en qué medida ha contribuido a la transformación del territorio? La preocupación que subyace en la pregunta constituyó el objeto de la reflexión en la introducción a la primera edición de este informe. Se estudiaba hace tres años, en 1999, un escenario donde la agregación de medios no suponía necesariamente una definición estructural de sistema, en términos de identidad, articulación de un imaginario colectivo coherente con las necesidad de desarrollo del territorio, etc. Y se concluía señalando que las expresiones mediáticas no desembocaban en un sistema autóctono, con entidad propia, sino en una extensión del sistema central, un subsistema o sistema sucursal, con un limitado margen de autonomía, una escasa aportación autóctona al espacio público de debate y, en consecuencia, un bajo perfil de interlocución en el conjunto del Estado español.
En esta ocasión, se manejan nuevos puntos de vista y argumentos en la aproximación a los medios de comunicación andaluces, a las expresiones autóctonas en materia de contenidos, a las prácticas de consumo e, incluso, a las políticas informativas, que tienen una traducción natural en valores culturales y de creación de opinión pública. Esto es, se busca conocer el grado de evolución de ese sistema sucursal, su proyección en el desarrollo de la sociedad civil o en la profundización en la cultura democrática del territorio.
Las mediciones periódicas sobre los cambios y las tendencias de la comunicación ponen de manifiesto que España está lejos de converger con Europa en este campo 50. Aun cuando se ha asistido a un proceso amplio de desregulación de los sectores audiovisual y de las telecomunicaciones, son prácticamente inexistentes los mecanismos legales que aseguran su anclaje democrático, esto es, su inserción en el sistema de libertades públicas del país.

Las expresiones mediáticas de Andalucía no constituyen un sistema con personalidad propia, sino una extensión del sistema central, un subsistema dependiente con un limitado margen de maniobra.

Así, en el audiovisual, a pesar de las transformaciones de la última década, únicamente se advierten como novedades normativas, en materia de contenidos, las inevitables traslaciones de las directivas europeas a la legislación española, aunque con una lasitud en su aplicación que ampara los intereses políticos de la Administración ante ciertos medios. Pero también en el campo de las telecomunicaciones y del desarrollo digital, la discrecionalidad de la Administración, a la hora de decidir concesiones u otorgar licencias, introduce sesgos inequívocos de políticas de información y comunicación, que no aparecen definidas de forma expresa, pero que tienen una traducción directa en la calidad democrática del país. Incluso, a la luz de la filosofía que ampara normativas contemporáneas de otras naciones, esa discrecionalidad se convierte en un instrumento que condiciona la libertad de expresión y el derecho a la información de los ciudadanos 51.
Los medios de comunicación pueden y deben jugar, en una comunidad con escasas expresiones de lo que hoy se entiende por sociedad civil, esto es, con un muy limitado espacio público de debate, un papel determinante en los procesos de cohesión social, participación y profundización en los valores democráticos.
Como se señalaba con anterioridad, el sucursalismo del sistema andaluz de medios reduce su capacidad creativa e innovadora y limita, en términos de referencia informativa y de opinión, su percepción de la realidad a aspectos puramente locales. Así pues, no sólo nos encontramos ante un modelo dependiente, sino con muy escasa capacidad de exteriorización, factor que influye en la creación de imagen, influencia cultural e interlocución política.
Televisiones, radios y prensa diaria son, en la mayoría de los casos, extensiones personalizadas de matrices mediáticas externas. La cuestión que aquí se plantea no sólo radica en el bajo índice de producción propia, sino en las consecuencias que ello tiene para el desarrollo integral de Andalucía. La principal desventaja del actual modelo dependiente radica en que los grandes temas de la actualidad –nacionales, internacionales, culturales, científicos, tecnológicos, etc.- son abordados de forma casi absoluta por fuentes y firmas externas a la comunidad autónoma.
Las expresiones de la ‘modernidad’ –entiéndase el término con un carácter amplio- están fuera de Andalucía, fuera del espacio de agenda de las ‘desconexiones locales’ que ofrecen las ediciones de los diarios y las emisoras de radio y televisión. Aquí, Andalucía tiene muy poco que decir, esto es, queda ausente del debate, a pesar de que su población se aproxima a una quinta parte del conjunto nacional. Las expresiones andaluzas más cualificadas están sujetas a una selección mediática externa. La proyección más allá de la comunidad autónoma viene dada por las presencias individuales en medios centrales –columnas de opinión, entrevistas, participaciones en tertulias, etc.-, pero no necesariamente como reflejo de la opinión de Andalucía y desde Andalucía, esto es, como valor de interlocución interregional. Podría afirmarse que, de algún modo, la teoría de la ‘espiral del silencio’ 52 es aplicable al estudio de la interlocución de Andalucía, esto es, a los valores de modernización que regeneran, desde los medios, el imaginario autonómico.

 
50 Véase Díaz Nosty, B., Informe Anual de la Comunicación, ediciones correspondientes a 1997-1998, 1999-2000, 2000-2001, Grupo Zeta, Madrid. Para años anteriores, del mismo autor, Comunicación Social/Tendencias, Fundesco, Madrid, 1989 a 1996.
51 En el punto 13 de la declaración de principios sobre la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (OEA), de 2000, se dice: La utilización del poder del Estado y los recursos de la hacienda pública; la concesión de prebendas arancelarias; la asignación arbitraria y discriminatoria de publicidad oficial y créditos oficiales; el otorgamiento de frecuencias de radio y televisión, entre otros, con el objetivo de presionar y castigar o premiar y privilegiar a los comunicadores sociales y a los medios de comunicación en función de sus líneas informativas, atenta contra la libertad de expresión y deben estar expresamente prohibidos por la ley. Los medios de comunicación social tienen derecho a realizar su labor en forma independiente. Presiones directas o indirectas dirigidas a silenciar la labor informativa de los comunicadores sociales son incompatibles con la libertad de expresión.
52 Con la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, autora de la teoría, podría decirse que la reiterada ausencia del pensamiento andaluz en los medios provoca una ‘espiral de silencio’ que lleva a crear la opinión, en Andalucía y fuera de Andalucía, de que no existe tal pensamiento andaluz o que Andalucía carece de voz en el discurso del tiempo presente (La espiral del silencio. Opinión pública, nuestra piel social, Paidós, Barcelona, 1995).